Saltar al contenido
0

Capítulo 3 de 7 · 5 min de lectura

Rumbo a Rath

Gerrard vuelve a regañadientes, despierta a un viejo amigo de metal y salta a un mundo que se está fabricando.

Tahngarth encontró a Gerrard en Benalia, vestido de soldado.

Era lo último que esperaba. El chico que no sabía quedarse quieto en ningún sitio se había alistado en el ejército benalita, la tierra de sus antepasados, y por lo que contaban en los cuarteles, acababa de meterse en un buen lío por destapar a un comandante corrupto. Tahngarth no pudo evitar pensar que aquello era muy de Gerrard: no aguantaba las órdenes, pero aguantaba todavía menos las injusticias.

—Se han llevado a Sisay —dijo el minotauro, sin saludar—. Y el Legado.

Gerrard se quedó un momento callado.

—Ya no es asunto mío.

—Ella te dio un sitio cuando no tenías ninguno —contestó Tahngarth—. Pero tienes razón. Los que son como tú siempre se van. Yo solo he venido a confirmarlo.

Se dio la vuelta para marcharse. No había dado tres pasos cuando oyó a Gerrard maldecir en voz baja y recoger sus cosas.

El traidor arrepentido

Recomponer la tripulación costó tiempo. Lo primero que descubrieron fue quién les había vendido. Starke, el hombre amable que había ayudado a Sisay, llevaba años trabajando para el enemigo. No por gusto: los señores de Rath tenían prisionera a su hija, Takara, y él hacía lo que le pedían para mantenerla con vida.

Ahora Starke estaba en apuros. Un mercenario keldon llamado Maraxus lo tenía en su poder, y Starke era lo único que la tripulación tenía para encontrar el camino a Rath. Gerrard fue a buscarlo con la espada desenvainada.

Maraxus de Keld

"I have no master. I am chaos."

— Maraxus of Keld

Un mercenario de Keld entre Gerrard y la única pista que tenía.

Maraxus de KeldMaraxus of Keld

Lo sacaron de allí a duras penas. Starke, magullado y tembloroso, los miró a todos con cara de saber que no merecía su ayuda.

—Os llevaré a Rath —dijo—. Os lo debo. Y yo también tengo a alguien allí.

Gerrard lo miró con desconfianza. Era la cara del hombre que había envenenado a su hermano, aunque él no lo supiera todavía. Pero no tenían otra opción.

Starke de Rath

"I know to whom I owe the most loyalty, and I see him in the mirror every day."

— Starke

Traicionó a todos por salvar a su hija. Ahora tendría que guiarlos al sitio del que había huido.

Starke de RathStarke of Rath

El aprendiz de Tolaria

Para viajar a otro mundo hacía falta algo más que un barco. Había que grabar las coordenadas de Rath en la piedra de poder del Vientoligero, una magia demasiado complicada para la tripulación. Hanna pidió ayuda a su padre, el gran mago Barrin de Tolaria, y Barrin les mandó a su mejor aprendiz.

Se llamaba Ertai. Era joven, brillante y más arrogante que nadie que hubieran conocido, lo cual ya era decir en un barco donde viajaba Gerrard. Nada más subir a bordo dejó claro que consideraba a la tripulación un grupo de aficionados con suerte. Hanna, que sabía tanto de magia como él, lo retó a una prueba para demostrarlo. Ertai ganó. Y no lo olvidó nunca.

Ertai, mago experto

"Was that it?"

— Ertai, wizard adept

El aprendiz favorito de Barrin. Lo sabía, y se encargaba de que todos lo supieran.

Ertai, mago expertoErtai, Wizard Adept

Mirri volvió también, por supuesto. Y Crovax, pálido y silencioso, que no había dejado de pensar en el ángel que había perdido. Algo en sus ojos había cambiado desde la noche en Urborg, pero nadie supo verlo a tiempo.

El despertar de Karn

Quedaba una pieza. Gerrard fue a buscarla él mismo.

Karn seguía donde Vuel lo había dejado años atrás: inmóvil, congelado por aquel artefacto antiguo, cubierto de polvo como una estatua olvidada. Gerrard pasó una mano por el metal frío y pensó en todas las preguntas que le había hecho de niño, en todas las respuestas pacientes.

Hizo falta tiempo y un poco de magia, pero el gólem despertó. Lo primero que vio fue la cara de un hombre adulto que no reconoció. Lo segundo, unos ojos que sí.

—Gerrard —dijo Karn, despacio—. Has crecido.

—Tú no —respondió Gerrard, y por primera vez en mucho tiempo se rio de verdad.

Karn, legado reforjado

El protector de Gerrard despertó sin saber cuántos años habían pasado. Lo importante era quién lo despertaba.

Karn, legado reforjadoKarn, Legacy Reforged

El salto

Cuando todo estuvo listo, el Vientoligero se elevó sobre el mar. Ertai trazó las últimas runas, Hanna comprobó las coordenadas dos veces y Gerrard, al timón por primera vez, dio la orden.

El cielo se partió delante de ellos como una tela vieja.

Lo que había al otro lado no se parecía a nada que conocieran. Rath era un mundo sin sol, cubierto por un techo de nubes rojizas que nunca cambiaba. Tenía bordes, como un mapa a medio dibujar, y esos bordes seguían creciendo, como si alguien lo estuviera fabricando todavía. Y el suelo se movía. Literalmente. Una piedra extraña, la piedra fluida, cambiaba de forma cuando alguien con poder suficiente se lo ordenaba. Montañas que crecían, muros que se cerraban, caminos que desaparecían.

Rath no era un mundo natural. Era una herramienta. Y alguien muy poderoso tenía la mano encima.

El Depredador

No llevaban ni una hora en Rath cuando apareció.

Era un barco negro, más grande que el Vientoligero, erizado de armas y con una silueta que parecía hecha para dar miedo. Lo llamaban el Depredador, y era el buque insignia del señor de Rath. Al mando iba un comandante enorme, cosido de metal y carne, llamado Greven il-Vec.

Depredador, buque insignia

"The scourge of Skyshroud is airborne once more."

— Oracle en-Vec

El señor de Rath sabía que venían. Les había preparado un comité de bienvenida.

Depredador, buque insigniaPredator, Flagship

El combate fue brutal. El Vientoligero era más rápido, pero el Depredador golpeaba más fuerte. Los abordajes llenaron la cubierta de gritos. Tahngarth luchó como diez hombres hasta que lo derribaron y se lo llevaron a rastras al barco enemigo. Gerrard intentó llegar hasta él y una explosión lo lanzó por la borda.

Cayó durante lo que pareció una eternidad, entre ramas y hojas, hasta estrellarse en lo más profundo de un bosque que no conocía.

Cuando despertó, había una mujer anciana mirándolo. Tenía los ojos blancos, como si viera más allá de las cosas, y a su alrededor se agolpaban elfos armados que no parecían amistosos.

—Por fin —dijo la anciana—. Te esperábamos.

—¿A mí? —Gerrard intentó incorporarse—. No me conocéis.

—No te conocemos. Te reconocemos. —La mujer sonrió—. Eres el Korvecdal. El que viene de fuera para derribar al señor de Rath.

Oráculo en-Vec

Para la oráculo de Skyshroud, Gerrard no era un extraño. Era una profecía con piernas.

Oráculo en-VecOracle en-Vec

Gerrard se dejó caer otra vez en la hierba. Llevaba toda la vida huyendo de los destinos que otros le preparaban. Y ahora, en un mundo que ni siquiera tenía cielo, había uno más esperándolo.

Fin del capítulo 3

Siguiente · Capítulo 4El ángel de CrovaxEn las entrañas de la Fortaleza, un minotauro resiste la luz y un noble encuentra al ángel que perdió.Seguir leyendo →

En esta historia: Gerrard CapashenSisayKarnVolrathCrovaxErtaiHannaMirriTahngarthOrimSqueeMultaniStarkeUrzaYawgmoth