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Capítulo 5 de 7 · 5 min de lectura

El hermano en las Salas de los Sueños

Gerrard descubre quién es el señor de Rath. Escapar le costará dos compañeros.

La Fortaleza no era un edificio. Era una mentira hecha de piedra.

La piedra fluida obedecía a su dueño, y su dueño tenía mucha imaginación. Los pasillos cambiaban de sitio mientras los recorrías. Las puertas se convertían en paredes. Las escaleras subían y, sin aviso, empezaban a bajar. Gerrard y los suyos entraron por segunda vez sabiendo que el lugar entero estaba en su contra, y que en algún sitio, allá arriba, alguien los miraba moverse como ratones en un laberinto.

Fortaleza de Volrath

The seed of a world's evil.

En la Fortaleza, hasta las paredes trabajaban para su dueño.

Fortaleza de VolrathVolrath's Stronghold

Buscaban a Sisay. Buscaban el Legado. Y buscaban al hombre que lo había planeado todo. Los esclavos lo llamaban el evincar, el gobernante de Rath, y nadie que lo hubiera visto de cerca hablaba de él sin bajar la voz. Su nombre era Volrath.

Las Salas de los Sueños

Lo encontraron en el lugar más extraño de toda la Fortaleza: unas salas donde la realidad se volvía blanda. Allí dentro, lo que uno pensaba tomaba forma. Los miedos caminaban. Los recuerdos se podían tocar. Las llamaban las Salas de los Sueños, y Volrath las había elegido porque sabía exactamente qué recuerdos iba a despertar en su invitado.

Galerías de los sueños

Within without.

Volrath eligió un lugar donde los recuerdos tuvieran cuerpo. Sabía cuál iba a aparecer.

Galerías de los sueñosDream Halls

Gerrard vio la sabana de Mtenda. Vio una cabaña, un fuego, a un hombre alto riendo en la puerta. Vio a un niño tirándole una piedra.

Y entonces lo vio a él.

Volrath estaba al fondo de la sala, de pie, esperando. Era alto, de piel gris, con rasgos que se movían ligeramente, como si su cara no terminara nunca de decidir qué forma tener. Pero la forma de los ojos no había cambiado. Ni la sonrisa torcida. Ni la manera de inclinar la cabeza cuando estaba a punto de decir algo cruel.

—Hola, hermano —dijo Volrath.

Gerrard sintió que el suelo se movía, y esta vez no era la piedra fluida.

—Vuel.

—Ya no. —Volrath abrió los brazos—. Vuel era un chico al que su hermanito le robó todo. Su prueba, su padre, su herencia. Vuel murió en aquel acantilado, cuando tú lo bajaste a cuestas para que todo el clan viera lo bueno que eras.

—Te salvé la vida.

—Me la quitaste —respondió Volrath, y por primera vez su voz tembló—. Y yo he pasado todos estos años preparando la forma de devolverte el favor.

Volrath, el caído

"I stepped out. I did not step down."

El hermano que Gerrard creía perdido no estaba perdido. Estaba esperando.

Volrath, el caídoVolrath the Fallen

Todos contra todos

Lo que siguió fue un caos que nadie fue capaz de contar igual dos veces. Las Salas de los Sueños jugaban con todos. Sisay apareció, pero no era del todo ella: Volrath la había retorcido para que luchara contra sus rescatadores. Apareció también una joven que Starke reconoció al instante. Era Takara, su hija.

Starke corrió hacia ella con los brazos abiertos. Takara, con los ojos vacíos, le hizo un corte en la cara que le dejó ciego.

Tahngarth tuvo que sujetar a Sisay y a Takara a la vez mientras Gerrard avanzaba entre visiones hacia su hermano. Hubo golpes, gritos, recuerdos que se convertían en monstruos. Y al final, de alguna manera, Gerrard llegó hasta Volrath y le clavó la espada en el pecho.

Volrath cayó. Su cara se deshizo como cera caliente.

Y debajo no había nadie.

Era un muñeco. Un cambiaformas cualquiera, un pobre desgraciado al que Volrath había dado su aspecto para que muriera en su lugar. El auténtico evincar había escapado. Nadie supo cómo. Nadie supo con qué cara se había marchado.

Gerrard tardaría mucho en descubrirlo.

La huida

Rescataron a Sisay, que poco a poco volvió en sí. Lo primero que vio al abrir los ojos fue a Gerrard, sucio, ensangrentado y con cara de no haber dormido en una semana.

—Has vuelto —dijo ella, con la voz ronca.

—Perdí una apuesta hace tiempo —contestó él—. Todavía la estoy pagando.

Sisay se rio, y la risa se le convirtió en tos. Tahngarth, a su lado, apartó la mirada para que nadie viera lo que tenía en los ojos. Por una vez en su vida, el minotauro estaba encantado de haberse equivocado.

Recuperaron las piezas del Legado que Volrath había robado. Recogieron a Starke, ciego y destrozado, y a una Takara que parecía haber despertado de una pesadilla y que no se separaba de su padre. Y corrieron hacia el Vientoligero, porque la Fortaleza entera se estaba despertando.

El barco estaba herido. El motor apenas respondía. Para salir de Rath necesitaban un portal, y abrirlo desde dentro de aquel mundo era casi imposible. Ertai se ofreció a hacerlo. Lo dijo con su arrogancia de siempre, como si fuera un trámite. Pero todos entendieron que alguien tendría que quedarse fuera, sosteniendo la puerta mientras el barco pasaba.

La intromisión de Ertai

Ertai sabía cómo retener una puerta. No había pensado en quién la retendría para él.

La intromisión de ErtaiErtai's Meddling

El jardín de Volrath

Mientras Ertai preparaba el portal, en la cubierta del Vientoligero pasaba algo que nadie vio a tiempo. Excepto Mirri.

Crovax había salido de su encierro. Ya no era el noble pálido que había subido a bordo en Urborg: algo en su interior lo empujaba, alguna voz que le susurraba desde la Fortaleza. Mirri lo encontró junto a los aparejos, cortando las cuerdas de las velas.

—Apártate de ahí —le dijo, con las garras fuera.

Crovax se volvió. Sonreía.

Lucharon sobre la borda. El barco dio un bandazo y los dos cayeron juntos al vacío, hasta los jardines de la Fortaleza, entre flores negras que nadie había plantado con buenas intenciones.

Solo uno de los dos se levantó.

Jardines de Volrath

"Watch yourself," warned Starke. "These plants aren't nice when they're hungry."

Allí, entre flores que no crecían en ningún otro sitio, terminó la historia de Mirri.

Jardines de VolrathVolrath's Gardens

Gerrard no lo supo hasta después. Cuando el Depredador apareció de nuevo en el horizonte y el portal de Ertai se abrió, el Vientoligero no podía esperar a nadie. Se lanzó hacia la luz a toda velocidad. Ertai se quedó al otro lado, con las manos todavía levantadas, viendo cómo el barco al que había dado la salida se marchaba sin él.

Cuando cruzaron, Gerrard buscó a Mirri por todo el barco. Luego buscó a Crovax. Luego se sentó en la cubierta y no dijo nada durante mucho tiempo.

Detrás de ellos, en Rath, quedaban un aprendiz abandonado y un noble maldito. Los dos volverían. Y los dos estarían del otro lado.

Fin del capítulo 5

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En esta historia: Gerrard CapashenSisayKarnVolrathCrovaxErtaiHannaMirriTahngarthOrimSqueeMultaniStarkeUrzaYawgmoth