El portal de Ertai no los llevó a casa.
El Vientoligero salió de Rath dando tumbos, con el motor gimiendo y las velas hechas jirones, y cayó en un cielo que no era el de Dominaria. Hanna miró las estrellas y no reconoció ni una. Debajo había bosques enormes, un mar lejano y, en medio de todo, la cosa más absurda que habían visto nunca: una ciudad gigantesca construida en lo alto de una montaña puesta del revés, con la punta clavada en el suelo y la base ancha arriba, sosteniendo torres, mercados y palacios.
—¿Dónde estamos? —preguntó Squee, asomado a la borda.
Nadie le contestó. Un segundo después, el barco se estrelló.
La ciudad de los mercaderes
El mundo se llamaba Mercadia, igual que su gran ciudad, y en Mercadia todo tenía precio. Los favores, los nombres, las leyes, las personas. La ciudad la gobernaba un magistrado rodeado de consejeros, burócratas y guardias, y su riqueza dependía de los puertos, los peajes y los tratos que se cerraban en cada esquina.
Rishada is the gateway to free trade
— but the key will cost you.
En Mercadia, hasta el aire que respirabas tenía un arancel.
Puerto rishadanoRishadan Port
La tripulación se separó en el desastre. Unos guerreros del bosque, los Cho-Arrim, se llevaron el Vientoligero con Orim y los heridos dentro. Los soldados de Mercadia apresaron al resto. Gerrard despertó en una celda, con Tahngarth al lado y un dolor de cabeza descomunal.
El magistrado le ofreció un trato. Los Cho-Arrim eran rebeldes, decía, salvajes que atacaban las caravanas y desafiaban la ley. Si Gerrard y sus amigos le ayudaban a someterlos, recuperarían la libertad. Y quizá, solo quizá, su barco.
Gerrard aceptó. No tenía muchas más opciones.
La gente del agua
Orim, mientras tanto, había descubierto a los Cho-Arrim desde dentro. No eran salvajes. Eran un pueblo tranquilo que vivía en los bosques bajo la ciudad, que hacía magia con el agua y que llevaba generaciones aguantando los abusos de Mercadia. Su líder era un hombre sereno, de voz suave, llamado Cho-Manno, que no quería una guerra pero no estaba dispuesto a seguir de rodillas.
"Mercadia's masks can no longer hide the truth. Our day has come at last."
— Cho-Manno
El líder de los Cho-Arrim no quería guerra. Quería que lo dejaran vivir en paz.
Cho-Manno, RevolucionarioCho-Manno, Revolutionary
Orim aprendió su magia. Aprendió sus canciones. Y aprendió algo más que no esperaba: a querer a alguien que no era de su mundo. Entre ella y Cho-Manno nació algo tranquilo y fuerte, como los ríos que él sabía mover.
Cuando Gerrard llegó al bosque al frente de los soldados del magistrado, se encontró a Orim esperándolo.
—Te han mentido —le dijo ella—. Ven a verlo con tus propios ojos.
Gerrard fue. Vio las aldeas, a los niños, la pobreza. Vio lo que hacía el magistrado con los que no pagaban. Y esa misma noche cambió de bando.
El trasgo importante
Si alguien salió ganando del naufragio en Mercadia, fue Squee.
Por razones que nadie terminó de entender, los trasgos de la ciudad lo trataron como a un personaje importante. Le daban de comer, le hacían reverencias, lo llevaban de un lado a otro como si fuera un noble. Squee, que nunca había sido importante para nadie excepto para Gerrard, se tomó su nuevo papel con un entusiasmo alarmante.
Pero cuando hizo falta, el pequeño grumete estuvo a la altura. Más de una vez, su descaro y su suerte salvaron a la tripulación de un lío del que no habrían salido de otro modo.
"General?!" Tahngarth roared. "General nuisance, maybe."
En Mercadia, por fin, alguien trató a Squee como se merecía. O casi.
Squee, trasgo nababSquee, Goblin Nabob
Hanna y Orim consiguieron la ayuda de los tritones de Saprazzo, un pueblo del mar que tampoco tenía mucho cariño a los mercaderes de la montaña. Juntos liberaron al resto de la tripulación. Y en los talleres de Mercadia encontraron algo que Hanna miró con los ojos brillantes: una matriz de poder, un mecanismo capaz de darle al Vientoligero un motor más potente que nunca.
As he repaired the ship's planeswalking engine, Karn saw for the first time how he could catalyze the Weatherlight's evolution.
Una pieza de otro mundo que convirtió el corazón del Vientoligero en algo nuevo.
Matriz de poderPower Matrix
La cara de Takara
Fue entonces cuando todo se torció.
Las piezas que faltaban de la matriz desaparecieron. Squee, Hanna y Karn desaparecieron con ellas. Y la que se las había llevado era Takara, la hija de Starke, la joven que habían sacado de Rath y que llevaba semanas viajando con ellos, callada y agradecida.
Solo que no era Takara.
Nunca lo había sido. Qué fue de la auténtica Takara es algo que la tripulación no llegó a saber con certeza. La que había subido al Vientoligero en la huida de la Fortaleza era Volrath, con su cara. El maestro de los cambiaformas había hecho el viaje entero a bordo, escuchando, aprendiendo, sembrando discordia entre la tripulación. Starke fue el primero en descubrirlo. Volrath lo mató antes de que pudiera contarlo.
El enemigo había viajado con ellos todo el tiempo. Solo había cambiado de cara.
Metamorfo de VolrathVolrath's Shapeshifter
Gerrard volvió a enfrentarse a su hermano en las calles de Mercadia, mientras los Cho-Arrim se levantaban contra el magistrado y la ciudad entera ardía en una revolución. Volrath perdió. Huyó en su propio barco, volvió a perder y, al final, escapó de regreso a Rath con las manos vacías.
El Vientoligero, con su nuevo motor, rescató a los suyos y puso rumbo por fin a casa. Orim prometió volver algún día a Mercadia. Cumplió esa promesa.
El último cielo de Vuel
En Rath, a Volrath no le esperaba nada bueno.
Durante su ausencia, alguien había ocupado su lugar. Pirexia se había llevado a Crovax, el noble maldito, y lo había rehecho a su gusto en sus fábricas. A su lado estaba Ertai, el aprendiz abandonado, que había acabado sirviendo a quien le ofrecía algo de poder en un mundo que lo había dejado atrás. Volrath desafió a Crovax por el trono. Iba ganando. Entonces Ertai intervino, y el combate cambió de dueño.
El noble maldito volvió de Pirexia convertido en el nuevo evincar. Su justicia no conocía la piedad.
La justicia de los évincarEvincar's Justice
Crovax fue coronado evincar. Y en su coronación, lo que quedaba de Volrath, un hombre corriente al que habían arrancado todas las piezas pirexianas, fue ejecutado delante de todos. Se llamaba Vuel otra vez. Era otra vez solo un hombre.
Murió justo cuando Rath empezaba a moverse. El cielo rojo se abrió por encima de él y, durante un instante, a través de la grieta, Vuel vio un cielo azul. El cielo de Dominaria.
La invasión había empezado.





