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Capítulo 3 de 7 · 5 min de lectura

El dragón del Maelstrom

Las cinco esquirlas de Alara chocan, la verdad sobre Jazal sale a la luz y Ajani se enfrenta a Nicol Bolas.

Los ancianos de Alara contaban una historia que casi nadie creía. Decían que, hace mucho, su mundo había sido uno solo, entero y equilibrado, y que algo lo partió en cinco pedazos. Cinco esquirlas que se alejaron unas de otras y crecieron por separado, cada una con solo una parte de la magia: Naya, salvaje y verde; Jund, feroz y roja; Grixis, muerta y oscura; Esper, fría y calculadora; Bant, ordenada y luminosa.

Cada esquirla había olvidado que las demás existían.

Hasta que empezaron a acercarse.

Cuando el cielo se rompe

Ajani lo notó antes que nadie en Naya, porque él había estado en los otros mundos. Los cielos empezaron a mostrar cosas raras: el resplandor rojo de Jund en el horizonte, nubes de un gris enfermizo que olían a Grixis, destellos metálicos que parecían de Esper. Luego llegaron las primeras grietas. Trozos de selva que de repente lindaban con desiertos de ceniza. Bestias que nadie había visto nunca saliendo de la niebla.

Las esquirlas se estaban fundiendo de nuevo. Y no de forma pacífica.

Lo llamaron el Conflujo. Donde dos mundos se tocaban, estallaba la guerra. Los ángeles de Bant contra los no muertos de Grixis. Los dragones de Jund contra los magos de Esper. Pueblos enteros que llevaban milenios sin saber que había otros pueblos se encontraron de golpe frente a enemigos que no entendían.

Confluencia

Después de años de inmensas intrigas, el triunfo de Nicol Bolas estaba a su alcance.

Cinco mundos que se habían olvidado chocaron de golpe.

ConfluenciaConflux

Los guerreros de Jund

Cuando Jund se hundió en el caos del choque, Ajani volvió allí. No por venganza esta vez, sino porque había gente que necesitaba ayuda y él sabía cómo era aquel lugar. Se unió a Kresh, un guerrero legendario de Jund, de los que trenzan en su pelo los huesos de sus enemigos, y a los cazadores de su clan.

Kresh Trenzas Sangrientas

Cada una de sus veintidós trenzas está atada con huesos y cuero de un enemigo.

En Jund, el respeto se gana con sangre. Ajani se lo ganó.

Kresh Trenzas SangrientasKresh the Bloodbraided

Kresh no era un aliado cómodo. Hablaba poco, comía crudo y desconfiaba de cualquiera que no hubiera matado a un dragón. Pero vio a Ajani pelear y dejó de hacer preguntas. Juntos se enfrentaron a Rakka Mar, una hechicera de fuego que había sembrado el terror en aquellas tierras. La batalla fue larga y brutal, y fue el hacha de Ajani la que le puso fin.

Rakka Mar

"Los mejores peones son aquellos que tienen peones propios."

— Nicol Bolas

Una amenaza menos. Pero no era la que Ajani buscaba.

Rakka Mar

Por las noches, junto a las hogueras de Jund, Ajani pensaba en Jazal. En Tenoch, que había resultado no tener nada que ver. En las sombras saliendo de la vasija. Alguien había preparado aquello con cuidado. Alguien que conocía la fiesta, la guarida, las costumbres de la manada.

Alguien de dentro.

La verdad en Qasal

La respuesta, cuando llegó, fue la peor posible.

Había sido Zaliki. La chamana. Su amiga. La única que lo había tratado como a un igual cuando nadie más lo hacía. Ella había dejado caer la vasija en el fuego, ella había entrado en la guarida mientras las sombras distraían a todos, ella había matado a Jazal.

Ajani la miró dentro, con ese don que nunca le había fallado, y no vio a una asesina fría. Vio a alguien manipulado, empujado, convencido de que hacía lo correcto. Alguien había estado tirando de sus hilos. Ajani nunca supo del todo quién movía exactamente esos hilos, pero cuanto más tiraba de ellos, más claro tenía hacia dónde llevaban: al mismo lugar adonde llevaba todo lo que pasaba en Alara.

A un dragón.

El dragón del Maelstrom

Nicol Bolas llevaba siglos preparando aquello.

Era uno de los seres más antiguos del Multiverso, un dragón de escamas negras y verdes con dos cuernos curvos y una gema brillando entre ellos. Había perdido gran parte de su poder cuando la naturaleza de los planeswalkers cambió, y quería recuperarlo. Para eso necesitaba una cantidad de magia imposible. Y había descubierto que, si cinco mundos separados volvían a fundirse de golpe, la energía del choque formaría un remolino gigantesco de maná: el Maelstrom.

Todas las guerras del Conflujo, todos los muertos, todas las intrigas: Bolas las había alimentado para que el choque fuera lo más violento posible. Sarkhan Vol, el hombre que había salvado a Ajani en Jund, era uno de sus sirvientes. Ajani entendió entonces el consejo que le había dado en aquella roca. «No sueltes la rabia.» Claro. Un león furioso es fácil de manejar.

Nicol Bolas, planeswalker

El tablero era Alara entera. Las piezas, todos sus habitantes.

Nicol Bolas, planeswalkerNicol Bolas, Planeswalker

Cuando el Maelstrom se formó, los ejércitos de las cinco esquirlas estaban allí, agotados, mirando al cielo. Y Bolas descendió sobre el remolino y empezó a beberse su energía.

Ajani no tenía un plan. Tenía su hacha, su don y algo que había aprendido en los peores días de su vida: a ver las conexiones entre las cosas. Miró el Maelstrom como miraba a los heridos y vio los lazos de maná que unían al dragón con el remolino, como venas brillantes.

Y los cortó.

El kha que no quiso serlo

Lo que pasó después fue tan rápido que ni él supo contarlo bien. La energía sobrante del Maelstrom, la que Bolas no había llegado a tragarse, se volcó sobre Ajani. Sintió que ardía por dentro, que cada pelo de su cuerpo se encendía. Y usó toda esa fuerza para hacer lo único que se le ocurrió: empujar.

Empujó al dragón fuera de Alara.

Bolas se marchó con gran parte de lo que había venido a buscar, más fuerte que antes. Pero se marchó. Y no volvería a pisar aquel mundo en mucho tiempo.

Ajani Melena Dorada

El león blanco salió del Maelstrom convertido en otra cosa.

Ajani Melena DoradaAjani Goldmane

Cuando todo terminó, la manada de Qasal le ofreció lo que nunca le habían ofrecido: el puesto de su hermano. Kha. Jefe. El león blanco, al frente de todos.

Ajani lo rechazó.

No porque no lo mereciera, sino porque había entendido algo mientras ardía con la energía del Maelstrom: su sitio ya no estaba en un solo mundo. Había visto cómo un dragón podía jugar con planos enteros como quien juega con figuras de madera. Alguien tenía que estar ahí fuera, vigilando.

Se despidió de la selva, de las estrellas de Naya y de la tumba de Jazal. Y se fue a buscar a la única persona en todo el Multiverso a la que de verdad podía llamar amiga.

Fin del capítulo 3

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En esta historia: Ajani GoldmaneNicol BolasSarkhan VolElspeth TirelTezzeretChandra NalaarGideon JuraTeferiKarnJaya BallardElesh NornSheoldredKayaNahiri