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Capítulo 3 de 7 · 5 min de lectura

La burbuja de Zhalfir

Pirexia invade Dominaria. Mientras Urza reclama a todos para su guerra, Teferi saca del tiempo a su país entero.

El cielo de Dominaria se abrió un día de verano, y de él empezaron a caer máquinas.

Llegaron por portales que se encendían en todos los continentes a la vez. Barcos negros que flotaban sobre las ciudades, plagas que pudrían los campos, soldados de carne y metal que no sentían dolor ni miedo. Pirexia, el mundo de las máquinas, había esperado miles de años aquel momento. Y había venido con todo.

Urza llevaba todo ese tiempo preparándose. Tenía un barco volador, el Vientoligero, con una tripulación escogida. Tenía un heredero, Gerrard Capashen, criado para la guerra. Tenía armas, academias y ejércitos repartidos por todo el plano. Y tenía un plan para reunir a los planeswalkers más poderosos de Dominaria en armaduras gigantes y lanzarlos contra el corazón del enemigo.

Teferi no estaba entre ellos.

The Weatherlight

El barco que Urza construyó durante siglos para esta guerra.

The Weatherlight

El maestro y el alumno

Cuando la invasión empezó, Teferi acudió a Urza. Seguía teniéndole miedo, y seguía admirándolo, y por encima de todo seguía sabiendo que el viejo artífice tenía razón: Pirexia era el mal absoluto. Juntos trabajaron en una de las primeras ofensivas del contraataque: sobrecargar los portales por los que llegaban los pirexianos, llenarlos de energía hasta que reventaran.

Funcionó. Durante unas horas, el cielo se quedó quieto.

Pero Teferi, mientras sostenía aquella energía brutal entre las manos, vio algo más. Vio los mapas de la guerra. Vio dónde iba a caer el golpe siguiente. Vio Zhalfir, su casa, con sus ciudades de piedra clara y su reina y sus gremios, justo en el camino de lo que venía.

Y vio, sobre todo, lo que Urza pensaba hacer con Zhalfir: convertirla en un campo de batalla. Una pieza más de su plan. Un ejército más que lanzar al fuego.

—Zhalfir luchará —le dijo Urza, sin mirarlo—. Todos lucharán. No hay otra forma.

Teferi recordó una isla que parpadeaba. Recordó un barco sacado del río y dejado en la orilla.

Sí había otra forma.

Foso de Teferi

"Isolation is not the answer."

— Urza, to Teferi

Teferi siempre había preferido levantar muros a cruzar espadas.

Foso de TeferiTeferi's Moat

El hechizo

No lo consultó con nadie. Quizá porque sabía lo que le dirían.

Tomó la energía de los portales destruidos, todavía caliente, todavía rugiendo, y la tejió en el hechizo de fase más grande que nadie había lanzado jamás. No una isla. No una torre. Un país entero.

La magia se extendió desde la costa de Zhalfir hacia el interior, cubriendo el noroeste de Jamuraa, sus ciudades, sus desiertos, su gente. Y se extendió también hacia el norte, sobre una parte de Shiv, la tierra de Jhoira, donde dormía el Mana Rig.

Urza lo sintió. Le gritó a través de la distancia, con una voz que hizo temblar el aire:

—¡Detente, Teferi! ¡Los necesitamos!

Era demasiado tarde. Zhalfir parpadeó una vez, como la isla de las Chaza. Y luego, simplemente, ya no estaba. Donde había ciudades quedaba un hueco en el mapa, un silencio. Lo mismo en Shiv: una franja de tierra que se había ido de la historia.

Protección de Teferi

Sacar a los tuyos del tiempo para que nada pueda tocarlos. Ese fue su gran hechizo y su gran error.

Protección de TeferiTeferi's Protection

Teferi cayó de rodillas, agotado. Había salvado a millones de personas de la guerra más terrible que Dominaria iba a conocer.

Y había dejado a todos los demás un poco más solos.

Lo que pagaron otros

La guerra siguió sin Zhalfir.

Siguió con batallas en todos los continentes, con ciudades arrasadas y con héroes que no volvieron. Siguió en Tolaria, la isla donde Teferi había crecido, cuando los pirexianos llegaron hasta ella. Allí murió Rayne, la mujer de Barrin, que durante años había mantenido en pie la academia. Y Barrin, el maestro severo que había hecho fregar suelos a un niño bromista, desató sobre la isla un hechizo de destrucción tan grande que no dejó nada en pie. Ni a los invasores. Ni a Tolaria.

Teferi se enteró después. Durante días no pudo hablar.

Barrin, archimago tolariano

"No hay una edad a la cual dejas de aprender".

El hombre que le enseñó a Teferi a pensar antes de actuar. Al final, el dolor pudo más que él.

Barrin, archimago tolarianoBarrin, Tolarian Archmage

Hubo más pérdidas. Hanna, la hija de Barrin, navegante del Vientoligero, también cayó en aquella guerra. Gerrard, el heredero de Urza, luchó hasta el final. Y el propio Urza murió en las últimas horas de la invasión, después de miles de años de preparación, sin ver del todo la victoria que había construido.

Porque al final hubo victoria. Con el Legado de Urza, con el sacrificio de muchos y con un gólem de plata llamado Karn en el centro del último golpe, Pirexia fue derrotada. Dominaria quedó en ruinas, pero viva.

Gerrard Capashen

El héroe que Urza crió para esta guerra. Peleó por los que no estaban, también por Zhalfir.

Gerrard Capashen

La deuda

Después de la guerra, muchos supervivientes miraban a Teferi con rencor. Zhalfir había sido el reino más poderoso de Jamuraa. Sus magos, sus soldados, sus barcos habrían marcado la diferencia en muchas batallas. Y él se los había llevado.

Teferi no se defendía. No tenía mucho que decir.

Había quien lo llamaba cobarde en voz alta, en las tabernas de Benalia o en los campamentos de refugiados. Había quien lo llamaba traidor. Y había otros, menos, que se callaban porque tenían familia en Zhalfir y sabían que, gracias a aquel hechizo, sus padres y sus hijos no habían visto nunca un barco pirexiano. Teferi escuchaba a los unos y a los otros, y en el fondo pensaba que todos tenían razón.

—Pensaba traerlos de vuelta cuando todo pasara —le contó a Karn, años después, sentados en una playa—. Un día, una semana. Cuando fuera seguro.

—¿Y por qué no lo hiciste?

Teferi tardó mucho en responder.

—Porque descubrí que sacar algo del tiempo es fácil. Lo difícil es volver a meterlo sin que se rompa nada.

El hechizo había sido demasiado grande. Zhalfir no era una isla. Volver a encajar un país entero en el río del tiempo, sin que el agua se desbordara, era un problema que ni siquiera Teferi sabía resolver.

Así que esperó. Estudió. Hizo cálculos. Se prometió que lo arreglaría.

Mientras tanto, sin que nadie lo notara todavía, el hechizo de fase y las cicatrices de la guerra estaban abriendo heridas en la propia realidad de Dominaria. Grietas en el tiempo. Pequeñas al principio.

Iban a crecer durante siglos.

La guerra que Teferi evitóLa invasión pirexiana: de Urza a Elesh NornZhalfir se escondió del tiempo, pero el resto de Dominaria tuvo que enfrentarse a Pirexia. Así fue la guerra que cambió el Multiverso.

Fin del capítulo 3

Siguiente · Capítulo 4La espiral del tiempoDominaria se rompe en grietas temporales. Para cerrar una de ellas, Teferi tendrá que entregar lo que lo hace inmortal.Seguir leyendo →

En esta historia: TeferiUrzaKarnJaya BallardNicol BolasFreyaliseLiliana VessGideon JuraJace BelerenKayaElesh NornAjani Goldmane