Teferi había dedicado su vida a un solo arte: ganar tiempo. Nunca le había hecho tanta falta como en Ravnica.
La ciudad infinita estaba en guerra. Nicol Bolas había lanzado su gran plan: atraer a decenas de planeswalkers a Ravnica, encerrarlos allí con un artefacto llamado el Sol Inmortal y robarles la chispa uno a uno. Para hacerlo, había abierto un portal enorme, un puente entre mundos, y por él estaba haciendo marchar un ejército de muertos de ojos azules: los Eternos, cadáveres de guerreros de Amonkhet cubiertos de un metal irrompible.
Teferi llegó con la Gatewatch. Cuando quiso marcharse, ya no podía. Nadie podía.
"Está terminado. Ahora puede empezar el verdadero trabajo".
— Tezzeret
Por aquel puente no paraban de llegar soldados. Teferi decidió que llegarían más despacio.
Puente entre planosPlanar Bridge
El hombre que frenó un ejército
Hay héroes que derriban muros. Teferi hizo algo más difícil: hizo que todo fuera más lento.
Se plantó cerca del puente, donde la marea de Eternos salía a las calles, y extendió el tiempo como quien extiende una manta. Los pasos de los muertos se volvieron pesados. Sus espadas bajaban a cámara lenta. Una columna que debería haber tardado minutos en arrasar una plaza tardaba horas. Y en esas horas, la gente de Ravnica corría, se escondía, se salvaba.
Cuando un Eterno levantaba la mano sobre un niño, Teferi detenía ese segundo exacto. Lo justo para que alguien tirase del crío y lo sacase de allí.
No era espectacular. No había rayos, ni dragones, ni gritos de victoria. Solo un anciano sudando bajo la lluvia, con los brazos temblando, sosteniendo el peso de un ejército entero.
Al final del día, Jace Beleren lo diría sin rodeos: probablemente Teferi había salvado más vidas que nadie en aquella batalla.
Su mejor arma en Ravnica fue un segundo más. Y luego otro. Y otro.
Teferi, manipulador del tiempoTeferi, Time Raveler
Los tejados
Pero frenar al ejército no bastaba. Los Eternos obedecían a una persona: Liliana Vess, la nigromante con la que Teferi había compartido barco en Dominaria. Liliana estaba atada a Bolas por un contrato, y él la usaba como general de su horda.
Algunos planeswalkers decidieron que había que matarla. Teferi fue uno de ellos, junto a Jace, Jaya Ballard y Vivien Reid. No le gustaba la idea. Pero había visto lo que hacían aquellos muertos.
Llegaron hasta los tejados desde donde Liliana dirigía la horda. Y Bolas, que lo veía todo, no estaba dispuesto a perder a su general. Con un gesto, derribó los edificios sobre los que estaban. Las piedras cedieron. Todos cayeron hacia la calle.
Teferi hizo lo único que sabía hacer: frenó la caída. Los cuerpos de sus compañeros bajaron despacio, como hojas, y llegaron al suelo con vida.
La general de Bolas. Teferi la conocía, y aun así subió a aquel tejado.
Liliana, general de la HordaLiliana, Dreadhorde General
La guerra terminó de una forma que nadie esperaba. Liliana se rebeló contra el dragón. Gideon Jura murió protegiéndola. Y Bolas, al final, fue derrotado y encerrado. Teferi volvió a Dominaria con el alma cansada y un nombre más en su lista de amigos perdidos.
La cumbre de Bahía Ostra
En Dominaria le esperaba otra guerra. Una que conocía demasiado bien.
Pirexia había vuelto. No con barcos en el cielo como la primera vez, sino con espías. Agentes durmientes con caras humanas, infiltrados en reinos y gremios, que podían ser cualquiera. Detrás de ellos estaba Sheoldred, una de las pretores de Nueva Pirexia, decidida a conquistar el plano desde dentro.
Para hacerle frente, los reinos de Dominaria se reunieron en una cumbre en la costa, en Bahía Ostra. Teferi estaba allí. Y también Jodah, el archimago eterno, un mago que llevaba a cuestas todavía más siglos que él y que se había convertido en una de las grandes voces del continente.
La cumbre acabó en desastre. Un traidor la convirtió en una emboscada.
Un archimago aún más viejo que Teferi. En aquella guerra, los dos tuvieron que aprender a mandar.
Jodah, el UnificadorJodah, the Unifier
Teferi huyó con Jodah, con Karn, con Jaya y con un guardia llamado Stenn hacia una torre de vigilancia de la Nueva Argiva. Fue allí donde cayó herido, tan grave que durante unas horas pareció que el viejo mago de Zhalfir no iba a levantarse más. Y fue allí donde descubrieron la verdad: Stenn, el compañero de huida, era uno de los durmientes pirexianos.
El enemigo no venía de fuera. Llevaba días caminando a su lado.
Stenn, partisano paranoicoStenn, Paranoid Partisan
Karn llamó al Vientoligero. Una sanadora de la familia Capashen, Rafwyn, le salvó la vida a Teferi. Y Teferi pasó semanas recuperándose en el Mana Rig de Shiv, la vieja máquina thran donde siglos atrás había visto a Jhoira enamorarse de los engranajes.
El general
Cuando volvió a ponerse en pie, Dominaria necesitaba algo más que un mago. Necesitaba alguien que organizase. La Nueva Coalición, la alianza de reinos que se enfrentaba a Pirexia, lo nombró su general y su intendente: el que decidía dónde iban las tropas, dónde iban las armas y dónde no se podía llegar a tiempo.
Era, pensó con amargura, el trabajo que Urza habría querido que hiciera en la primera invasión. El que él había rechazado al esconder Zhalfir.
Esta vez no se escondió.
La batalla decisiva fue en el propio Mana Rig. Los pirexianos de Sheoldred atacaron la máquina para hacerse con su poder, y la Coalición la defendió con todo lo que tenía. Ganaron. Pero aquella guerra se cobró un precio que nadie quería pagar.
Jaya Ballard, la piromante, la que había sobrevivido a casi todas las guerras de Dominaria con una sonrisa y un chiste, no sobrevivió a esta. Dio hasta la última llama que le quedaba.
La mujer que convertía cualquier guerra en una discusión. Su última batalla fue la más cara.
Jaya, negociadora ardienteJaya, Fiery NegotiatorDesde 1,82 €
Después levantaron una pirámide en su memoria, y cada superviviente dejó en ella un recuerdo de Jaya. Teferi dejó el suyo en silencio.
Luego se quedó mirando el cielo de Dominaria. Sheoldred había sido rechazada, pero Pirexia no. Al otro lado del Multiverso, Elesh Norn estaba preparando algo mucho peor.
Y Teferi, que había pasado su vida aprendiendo a viajar por el tiempo, empezó a pensar en un viaje muy concreto: al pasado, a la guerra donde todo había empezado.
El que no volvió de RavnicaGideon Jura: el escudo de los demásEn la Guerra de la Chispa, Gideon dio su vida por otra persona. Conoce al hombre que siempre se ponía delante.





