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Capítulo 2 de 7 · 5 min de lectura

El mago real de Zhalfir

Teferi vuelve a su reino, enciende su chispa por accidente y descubre lo fácil que es esconder algo del tiempo… y lo caro que sale.

Cuando por fin dejó Tolaria, Teferi ya no era un niño. Tampoco era del todo un hombre. Era algo intermedio: un joven con la cara de un aprendiz y la cabeza de alguien que había perdido veinte años de golpe y no pensaba perder ni uno más.

Se fue con Jhoira. Claro que se fue con Jhoira.

El fuego de Shiv

El primer destino fue Shiv, la tierra de Jhoira. Un continente de volcanes, ríos de lava y montañas que humeaban como chimeneas. Allí, bajo la roca, dormía una de las maravillas de los antiguos thran: una enorme máquina capaz de extraer energía del corazón del mundo. La llamaban el Mana Rig.

Jhoira se enamoró de ella nada más verla. Teferi, en cambio, se pasaba las horas sentado en lo alto de las pasarelas, mirando el resplandor rojo de la lava y pensando en otra cosa. En corrientes. En remolinos. En lo que había sentido dentro de la burbuja.

—Tú no estás aquí —le dijo Jhoira una noche, mientras se limpiaba el hollín de la frente—. Estás en otro sitio. O en otro momento.

—Estoy pensando en cómo se para un río sin presa.

—¿Y eso para qué sirve?

Teferi tardó en contestar.

—Para que no te arrastre.

Garganta shivana

Both forge and pyre.

La tierra de Jhoira: fuego bajo los pies y máquinas antiguas en las entrañas de la roca.

Garganta shivanaShivan Gorge

Durante un tiempo, los dos sirvieron a la cruzada de Urza contra Pirexia. Era lo que hacían los antiguos alumnos de Tolaria: trabajar para el plan del artífice, aunque nadie supiera exactamente en qué consistía. Pero Teferi echaba de menos algo que no sabía nombrar. Y un día lo nombró: echaba de menos su casa.

El mago del rey

Zhalfir era el reino más rico y más antiguo de Jamuraa. Ciudades de piedra clara junto al mar, caravanas que cruzaban el desierto, magos que servían a la corona desde hacía generaciones. Teferi volvió allí con un nombre ya conocido y un talento que nadie en el reino podía igualar, y no tardó en convertirse en mago real.

Allí, lejos de la mirada de Urza, se atrevió por fin con sus propios experimentos.

Le obsesionaba una idea: sacar las cosas del tiempo. No congelarlas, como la burbuja le había congelado a él, sino apartarlas del todo, como quien saca un barco del río y lo deja en la orilla. Si algo estaba fuera del tiempo, nada podía tocarlo. Ni la guerra, ni la enfermedad, ni la vejez.

Los magos de la corte lo llamaron fase. Teferi lo llamaba esconder.

Teferi, mago de Zhalfir

Para salvar este plano, debemos abandonar todos los otros.

El mago real que quería guardar su tierra en un bolsillo del tiempo.

Teferi, mago de ZhalfirTeferi, Mage of Zhalfir

Uno de esos experimentos salió mal. Muy mal. La magia se le escapó de las manos, el mundo a su alrededor empezó a parpadear, y por un momento Teferi sintió que se deshacía, que estaba en todas partes y en ninguna.

Cuando el parpadeo terminó, ya no estaba en Dominaria.

Estaba en otro mundo. Con otro cielo. Y en su pecho ardía algo nuevo, una llama que no era suya y a la vez lo era más que nada. La chispa de los planeswalkers se había encendido en él.

Un dios con prisa

En aquella época, ser planeswalker era ser casi un dios. No envejecía, no enfermaba, y podía viajar entre mundos con un pensamiento. Teferi lo hizo. Vio planos de los que nunca había oído hablar, aprendió magias que en Dominaria nadie conocía, y por primera vez en su vida tuvo todo el tiempo del mundo.

Pero no se olvidó de Zhalfir. Antes de marcharse había dejado al reino una organización nueva: gremios de magos, cada uno con su oficio y sus reglas, para que la magia del reino no dependiera de un solo hombre. Le pareció una buena idea. Le pareció que así la casa quedaba ordenada.

Cuando volvió, la casa se estaba cayendo.

Zhalfir estaba dividida. Las familias nobles se peleaban, los gremios desconfiaban unos de otros y el reino amenazaba con partirse en trozos. Teferi hizo lo que hacen los dioses con prisa: eligió. Apoyó a una reina, Yormeba, y con su respaldo el reino volvió a la paz. Pero la paz no es lo mismo que la unidad, y Teferi lo sabía.

Mangara de Córondor

"Fui traído a este lugar y no puedo dejarlo. Puedo estar libre del ámbar, pero sigo en prisión".

En Jamuraa había magos sabios que veían con malos ojos los juegos de Teferi con el tiempo.

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La isla que desapareció

Cansado de la política, Teferi se retiró a las islas Chaza, frente a la costa, con un pequeño grupo de consejeros y eruditos. Allí, rodeado de mar, retomó sus experimentos con el tiempo. Nadie lo molestaba. Nadie le decía que parase.

Y quizá alguien debería haberlo hecho.

Su isla empezó a parpadear. A veces estaba, a veces no. Los pescadores de la costa juraban que la veían desaparecer al amanecer y volver al anochecer, como un barco fantasma. Teferi intentó corregirlo. Buscó una cura para aquel temblor de la realidad. Y la cura terminó el trabajo: la isla entera, con él dentro, salió del tiempo y se esfumó.

Isla de Teferi

The three wizards knew only that this isle held a great mystery

— and that patience alone would solve it.

Un día estaba en el mapa. Al siguiente, solo quedaba el mar.

Isla de TeferiTeferi's Isle

Desde fuera, Jamuraa siguió girando sin él. Hubo guerras en aquellos años: entre Zhalfir y sus vecinos, entre magos que querían el poder y magos que intentaban evitar que cayera en malas manos. Uno de los nombres que se recordaría de aquella época fue el de Kaervek, un hechicero ambicioso que soñaba con conquistarlo todo. Otro fue el de Mangara, un mago sabio que pagó cara su resistencia. Y otra, la de Jolrael, guardiana de la selva. La historia de aquellas guerras se cuenta de muchas maneras, y en casi todas Teferi aparece de lado, como una sombra que pudo haber hecho más.

Kaervek el despiadado

"Las ratas y los chacales festejan a su paso, pero no caminan con él."

— Mangara

Mientras Teferi jugaba con el tiempo, otros jugaban con el destino de Jamuraa.

Kaervek el despiadadoKaervek the Merciless

Lo que se aprende escondido

Cuando Teferi volvió a asomarse al mundo, entendió dos cosas.

La primera, que esconder algo del tiempo funcionaba. Había funcionado demasiado bien. Su isla había estado a salvo de todo, incluso de las guerras que habían devastado la costa.

La segunda, que esconderse tenía un precio. Mientras él estaba fuera, la gente de verdad había sufrido de verdad. Y él, que podía haber ayudado, no estaba.

Durante un tiempo dejó de manipular el tiempo. Se dijo que era prudencia. Quizá era vergüenza.

Rompecabezas de Teferi

Cada hechizo de Teferi era un rompecabezas. Algunos tardaban siglos en revelar su trampa.

Rompecabezas de TeferiTeferi's Puzzle Box

Pero la idea seguía ahí, en un rincón de su cabeza, esperando. Sacar algo del río. Dejarlo en la orilla, a salvo. Protegerlo de una catástrofe que ningún ejército podía detener.

Y en el horizonte, la catástrofe ya estaba en camino. Urza llevaba miles de años avisándolo. Pirexia iba a llegar.

Cuando llegara, Teferi tendría que elegir entre luchar al lado de su viejo maestro… o salvar lo que más quería a su manera.

La tripulación que se preparabaLa saga del VientoligeroMientras Teferi experimentaba con el tiempo, un barco volador y su tripulación se preparaban para la guerra que Urza llevaba milenios anunciando.

Fin del capítulo 2

Siguiente · Capítulo 3La burbuja de ZhalfirPirexia invade Dominaria. Mientras Urza reclama a todos para su guerra, Teferi saca del tiempo a su país entero.Seguir leyendo →

En esta historia: TeferiUrzaKarnJaya BallardNicol BolasFreyaliseLiliana VessGideon JuraJace BelerenKayaElesh NornAjani Goldmane