El árbol sangraba aceite.
Boseiju, el árbol gigantesco y sagrado que llevaba siglos creciendo en el corazón de Kamigawa, tenía las raíces negras. De su corteza brotaba un líquido espeso y oscuro que olía a metal y a podredumbre, y que corría por las calles de Towashi como un río sucio. Encima, en las ramas más altas, flotaba una figura rodeada de pergaminos. Pero los pergaminos ya no eran de papel. Eran de una lámina fina y brillante, como piel tensada sobre metal.
Era Tamiyo. O lo que Nueva Pirexia había hecho de ella.
La invasión
Elesh Norn, la gran pretora de Pirexia, había lanzado su ataque final. Mediante enormes ramas de metal que atravesaban el Multiverso de plano en plano, sus ejércitos invadían todos los mundos a la vez. Y para Kamigawa había elegido una general especial: la sabia de la luna, la primera planeswalker compleada, que conocía el plano mejor que nadie porque había nacido en él.
Nueva Pirexia cayendo sobre Kamigawa, con una hija del plano al frente.
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Tamiyo no sentía culpa. Sentía algo parecido a la ilusión. Nueva Pirexia era perfecta, ordenada, una sola voz. Su familia de Kamigawa también podía formar parte de ella. Solo tenían que dejarse convencer. Y si no se dejaban, se les ayudaría.
La misma mente, el mismo saber, los mismos pergaminos. Y una voluntad que ya no era la suya.
Tamiyo, sabia perfeccionadaTamiyo, Compleated Sage
Kaito contra Tamiyo
Kaito llegó a Towashi junto a Kaya, una planeswalker capaz de atravesar los cuerpos como un fantasma, para intentar frenar el ataque. Sabían a quién iban a encontrarse. Kaito no había dejado de pensar en Tamiyo desde aquella noche en Eiganjo. Se sentía responsable.
Ella le habló con la voz de siempre. Le ofreció un sitio a su lado, en la nueva familia. Kaito se negó, y Tamiyo pasó a otra cosa sin cambiar de expresión.
El combate fue un desastre para él. Tamiyo conocía sus trucos, sus atajos, su impaciencia. En pocos minutos Kaito estaba colgado de uno de sus pergaminos sobre el vacío, sin apoyo, mirando hacia abajo. Cortó el pergamino antes de que ella lo usara contra él y cayó. Lo recogió en el aire el espíritu guardián de la Emperatriz, que acababa de llegar.
El ninja que se sentía culpable de lo que le habían hecho a Tamiyo y que no pudo salvarla.
Kaito, Fin de las PesadillasKaito, Bane of Nightmares
Mamá
Y entonces apareció Nashi.
Llevaba una armadura que se había fabricado él mismo, con piezas de drones y planchas soldadas a mano. Se le notaba el miedo. No venía a luchar. Venía a hablar con ella.
—Tamiyo —dijo. Siempre la había llamado así.
Ella lo miró desde arriba. Le habló con dulzura de lo bien que estaría en Nueva Pirexia, de lo fácil que sería todo. Y cuando Nashi negó con la cabeza, le atacó.
Lo que pasó después lo han contado de muchas maneras. Tamiyo lanzó sus golpes contra Kaito y contra Nashi, y la Emperatriz se interpuso con una espada cargada con el poder de los kami. Fue un solo tajo. Tamiyo cayó de las ramas de Boseiju y no volvió a levantarse.
Hay quien dice que, en el último momento, sus ataques fallaron a propósito. Que algo de la Tamiyo de antes seguía dentro, enterrado bajo el aceite, y que eligió no matar a su hijo. Nadie puede saberlo con certeza. Es una de esas historias que cada cual cuenta según lo que necesita creer.
La historia sin fin
Entre sus cosas apareció un pergamino viejo, envuelto en una anilla de hierro. Uno de los sellados. Cuando lo abrieron, de él salió una figura de luz: Tamiyo. No la compleada, sino la de antes, con su túnica, sus ojos violeta y su sonrisa cansada.
No era ella, explicó la figura. Era una historia. Tamiyo la había escrito hacía mucho tiempo, sabiendo que algún día podía morir lejos de casa: un relato sobre sí misma, una historia sin final, para que algo suyo quedara si ella faltaba. Era su recuerdo. Y sabía que, si estaba allí, era porque la verdadera Tamiyo ya no estaba.
Abrazó a Nashi. Le pidió perdón. Y con la mirada le pidió a la Emperatriz que cuidara de él.
Una historia escrita para el día en que su autora no pudiera volver. Ese día llegó.
La historia de TamiyoThe Tale of Tamiyo
Nashi volvió a Otawara con el recuerdo de su madre. Genku los recibió en la puerta. Durante un tiempo, la casa tuvo otra vez a Tamiyo, o al menos su voz, contando historias por las noches. Nashi ocupó su lugar en el círculo de las historias. Empezó a viajar por los nuevos caminos que se habían abierto entre los planos después de la invasión, recogiendo relatos, como ella. A veces no le salían las palabras. Aprendió a contarlas a su manera: con imágenes, con grabaciones, con lo que tenía a mano.
La casa que se comía las historias
Un día, el pergamino desapareció. Alguien se lo llevó. Y poco después, Nashi oyó la voz de su madre llamándolo desde una puerta que no debería existir.
La siguió. Al otro lado estaba Duskmourn, una casa infinita que se alimentaba del miedo, gobernada por un demonio llamado Valgavoth. Nashi quedó atrapado allí durante meses. Algunos de los amigos que entraron con él no salieron.
El demonio de la casa infinita, que quiso alimentarse de las historias de Tamiyo.
Valgavoth, el DevoraterroresValgavoth, Terror Eater
Una secta adoradora del demonio había descubierto el valor del pergamino: estaba usando las historias de Tamiyo para alimentar a Valgavoth y abrir nuevas puertas hacia otros mundos. Del recuerdo de Tamiyo apenas quedaba nada. Le habían quitado casi todo. Solo seguía en pie una cosa: lo que sentía por su hijo.
Kaito organizó el rescate con un grupo de planeswalkers. Antes que ellos ya había entrado en la casa Niko Aris, de Theros, con su don para atrapar cosas en fragmentos de cristal, que acompañó a la Emperatriz para sacar de allí a Nashi.
Uno de los que entraron en la casa del miedo para traer de vuelta al hijo de Tamiyo.
Niko, Luz de la EsperanzaNiko, Light of Hope
Al final, Nashi encontró a su madre. Lo que quedaba de ella. Y comprendió que solo seguía existiendo porque una trampa la ataba a aquel lugar, prisionera para siempre. Tomó la decisión más difícil de su vida: la dejó marchar. Rompió la trampa y la soltó.
Escapó de Duskmourn con los demás, de vuelta a Ravnica. Sin pergamino. Sin madre. Con una historia.
La está contando todavía.
La invasión de todos los mundosLa invasión pirexiana: de Urza a Elesh NornLa caída de Tamiyo fue solo un capítulo de una guerra mucho más grande. Descubre cómo Pirexia llegó a invadir el Multiverso entero.





