Después de Bolas, Ravnica se dijo que ya lo había visto todo.
Se equivocaba. Lo peor no vendría del cielo, sino de debajo de sus pies.
La misión que salió mal
Durante los años siguientes, varios planeswalkers descubrieron que una vieja amenaza estaba despertando. Pirexia, el mundo de las máquinas que convierten la carne en metal, se había rehecho sobre un plano antiguo y se preparaba para invadir el Multiverso entero. Su líder, la pretora Elesh Norn, soñaba con un Multiverso «perfecto»: todos los seres vivos convertidos en piezas de su gran máquina. Los pirexianos llamaban a eso la compleción.
Un grupo de planeswalkers viajó hasta Nueva Pirexia para detenerla antes de que empezara. Entre ellos iban dos rostros muy conocidos en Ravnica: Jace Beleren, el Pacto Viviente, y Vraska, la reina golgari. También iba Kaya, la señora del Sindicato Orzhov.
Para ella, Ravnica no era una ciudad. Era una fábrica a punto de abrir.
Elesh Norn, Madre de las MáquinasElesh Norn, Mother of Machines
La misión fracasó. En las entrañas de aquel mundo de metal, Vraska fue capturada y compleada. Ya no era ella. Y cuando Jace fue herido en combate, fue la propia Vraska, con su nueva sonrisa de aceite, quien lo infectó a él.
Kaya logró escapar, pero el recuerdo de lo que había visto no la abandonó nunca.
Raíces de metal
La invasión llegó a todos los planos a la vez. A Ravnica llegó a través de un árbol.
Realmbreaker, el Árbol de la Invasión, extendió sus raíces de metal por el Multiverso y las clavó en cada mundo como agujas. En Ravnica, la primera raíz cayó sobre Nuevo Prahv, la sede del Senado Azorius, y sobre la prisión donde Vraska había pasado años encerrada.
No fue casualidad. Quien guiaba el ataque era la reina golgari compleada.
Un árbol que no crecía hacia el sol, sino hacia los mundos que quería devorar.
Romperreinos, el Árbol de la InvasiónRealmbreaker, the Invasion Tree
Vraska volvió a su ciudad al frente de un ejército. El Enjambre Golgari, compleado casi por completo, subió desde los túneles hasta las calles. La gorgona llevaba toda la vida guardando rencor a los azorius, a los que habían cegado a los de su especie y la habían encerrado, y ahora ese rencor tenía la forma del aceite pirexiano. Ordenó que los ravnicanos fueran cegados, como lo habían sido las gorgonas. Las calles se llenaron de gente a ciegas, tambaleándose sobre el aceite brillante.
En un callejón del Distrito Décimo, un viejo zapatero escondió a sus nietos en el sótano y se quedó arriba, con un martillo en la mano, esperando. Oyó pasos metálicos. Oyó una voz que antes había sido humana y ahora sonaba como un engranaje mal engrasado, prometiéndole que todo iba a ser mejor, que ya no sentiría dolor, que solo tenía que dejar de resistirse. El zapatero no abrió la puerta. Muchos otros sí la abrieron, y nunca volvieron a ser los mismos.
Ravnica había sobrevivido a guerras de gremios y a un dios dragón. Pero aquella invasión no quería conquistar la ciudad. Quería convertirla en otra cosa.
La reina de los de abajo volvió a la superficie. Pero ya no era la misma.
Vraska, Aguijón de la TraiciónVraska, Betrayal's Sting
Los que se dejaron convencer
Lo más terrible no fue el ataque. Fue que algunos ravnicanos no se resistieron.
Entre los Simic y los Ízzet hubo muchos que aceptaron la compleción por curiosidad. Eran gremios de investigadores, gente que se pasaba la vida preguntándose cómo mejorar un cuerpo o una máquina. Y los pirexianos les ofrecían una respuesta. Algunos laboratorios abrieron sus puertas desde dentro.
Diez gremios, millones de vidas y un solo enemigo que quería unirlos a todos… en metal.
Invasión de RávnicaInvasion of RavnicaDesde 1,82 €
Los Dimir, como siempre, desaparecieron. Nadie supo si se habían escondido, si se habían unido al enemigo o si sencillamente habían dejado de existir. En Vitu-Ghazi, Trostani resistió con su gente; pero quienes la escucharon hablar después de aquellos días notaron que una de sus tres voces sonaba distinta. Más fría. Más lejana.
Nadie le dio importancia. Había demasiados muertos que contar.
El trueno contra el aceite
Ral Zarek no había nacido en una torre. Había crecido en los barrios más pobres de la ciudad, y conocía esas calles mejor que nadie. Cuando los pirexianos las invadieron, se negó a retroceder.
Junto a él luchó Teyo, un joven planeswalker de escudos de luz que había llegado a Ravnica durante la Guerra de la Chispa y se había quedado. Teyo protegía a la gente; Ral buscaba la manera de ganar. Y la encontró en su propio laboratorio: un arma sonora afinada para hacer vibrar el aceite pirexiano hasta romperlo.
Un hijo de los barrios bajos defendiendo las calles donde aprendió a pelear.
Ral, canalizador de la tormentaRal, Storm Conduit
Vino a Ravnica sin querer. Se quedó porque alguien tenía que poner el escudo.
Teyo, magoescudoTeyo, the Shieldmage
Ral se enfrentó a Vraska en mitad de la ciudad. Ya no era su aliada de la Guerra de la Chispa: era una pirexiana que quería convertir Ravnica en una pieza de su máquina. El arma de Ral la golpeó de lleno. Y entonces pasó algo que nadie esperaba.
Años atrás, en Ixalan, Jace había dejado en la mente de Vraska una especie de cerrojo: un recuerdo guardado que podía devolverle quién era si alguna vez lo necesitaba. En mitad del combate, ese cerrojo se abrió. Durante un instante, los ojos de la gorgona dejaron de ser pirexianos.
Cuando el polvo se asentó, los hombres de Ral fueron a buscar su cuerpo. No lo encontraron.
Lo que quedó
La invasión terminó en todo el Multiverso cuando Elesh Norn cayó. Los pirexianos que quedaban en Ravnica se derrumbaron como marionetas sin hilos.
Pero la ciudad ya no era la misma. Los Golgari estaban casi destruidos. De los Dimir no se sabía nada. Los Simic y los Ízzet cargaban con la sospecha de haber abierto la puerta al enemigo. La torre del Senado estaba destrozada, y nadie sabía qué había sido del Sol Inmortal que guardaban en ella. Partes enteras de la ciudad subterránea habían salido a la superficie, como un hueso roto que atraviesa la piel.
Niv-Mizzet llegó a plantearse tomar poderes de emergencia para mantener el orden. Y en los salones de los gremios, mientras se repartían culpas, una palabra empezó a correr de boca en boca: traidores. ¿Quién había ayudado a los pirexianos? ¿Quién había hecho negocios con ellos? ¿Quién había sobrevivido demasiado bien?
Alguien en Ravnica estaba haciendo una lista.
Y pensaba tacharla nombre a nombre.
La invasión en todo el MultiversoLa invasión pirexiana: de Urza a Elesh NornLo que pasó en Ravnica fue solo un frente. Esta es la historia completa de la guerra contra Pirexia.





