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Capítulo 5 de 7 · 5 min de lectura

La Guerra de la Chispa

Bolas llega a Ravnica para convertirse en dios, y los diez gremios aprenden por fin a luchar juntos.

Niv-Mizzet fue el primero en verlo llegar. Y fue el primero en caer.

El dragón de fuego había gobernado su gremio durante diez mil años. Era viejo, era sabio y era muy orgulloso. Cuando Nicol Bolas apareció en el cielo de Ravnica, Niv-Mizzet no esperó a nadie. Levantó el vuelo y fue a su encuentro, solo, sin el poder del Pacto que no había llegado a recibir.

Bolas lo dejó acercarse. Luego, con un gesto casi aburrido, lo deshizo en el aire.

Los ravnicanos que miraban desde las ventanas vieron caer ceniza sobre los tejados. El dragón más antiguo de la ciudad había muerto en unos segundos. Así empezó la Guerra de la Chispa.

Ceniza en los tejados

En el Distrito Décimo, una panadera salió a la calle con las manos todavía manchadas de harina. Miró hacia arriba y vio la sombra del dragón negro cubriendo media ciudad. A su alrededor la gente no gritaba. Todavía no. Se limitaba a mirar, como si no terminara de creerse que el cielo de Ravnica, el cielo que habían defendido ángeles y magos durante diez mil años, pudiera tener otro dueño.

Jace Beleren lo vio desde un puente. Acababa de volver a casa después de mucho tiempo. Había recuperado sus recuerdos, había hecho las paces con su pasado y, por primera vez en años, se sentía casi en paz. Le duró exactamente lo que tardó en caer la primera ceniza sobre su capa.

—No —murmuró—. Aquí no.

Pero aquí sí.

El puente y el faro

Bolas no había venido solo. Tezzeret, su lugarteniente, abrió un enorme puente entre planos en el mismísimo edificio del Pacto de los Gremios, en el corazón de la ciudad. La magia de Ravnica se retorció. Jace, que acababa de volver de Ixalan con la memoria recuperada, sintió cómo el poder del Pacto Viviente se le escapaba de las manos.

Por el puente empezaron a llegar los muertos.

Eran los Eternos de Amonkhet: guerreros momificados, recubiertos de un metal azul, que no sentían ni miedo ni dolor. Los llamaban la Horda del Terror. Y al frente de ellos marchaba alguien que Jace conocía demasiado bien: Liliana Vess, atada a Bolas por un viejo contrato, con el Velo de Cadenas brillando en su rostro.

Liliana, general de la Horda

Una vieja amiga de la Guardia al frente del ejército que venía a matarla.

Liliana, general de la HordaLiliana, Dreadhorde General

Mientras tanto, en lo alto de la ciudad, el Faro Interplanar se encendió. Ral Zarek lo había construido para pedir ayuda. Bolas lo usó como cebo. Su luz llamó a planeswalkers de todos los rincones del Multiverso, que llegaron creyendo que venían a defender Ravnica.

Almenara interplanar

Ral lo construyó para salvar su ciudad. El dragón lo convirtió en una trampa.

Almenara interplanarInterplanar Beacon

Entonces Bolas activó el Sol Inmortal. Ningún planeswalker pudo salir. Y desde su ciudadela comenzó un hechizo terrible que arrancaba la chispa de los planeswalkers atrapados y se la entregaba al dragón. El primero en caer fue Domri Rade, un joven gruul que había servido a Bolas. Su chispa no le salvó.

Nicol Bolas, Dios Dragón

No vino a conquistar Ravnica. Vino a usarla para volver a ser un dios.

Nicol Bolas, Dios DragónNicol Bolas, Dragon-God

Los gremios despiertan

Los Eternos no hacían distinciones. Mataban azorius y rakdos, ízzet y gruul, niños y ancianos. Y por primera vez en diez mil años, los gremios tuvieron un enemigo que los odiaba a todos por igual.

Aurelia llevó a la Legión Boros a la primera línea, con los ángeles en el cielo y los soldados en las calles. Lazav, el cambiaformas, hizo lo que mejor sabía: adoptó el rostro de Chandra Nalaar para distraer al enemigo mientras la verdadera Chandra se colaba hasta el Sol Inmortal para apagarlo. Kaya, con una espada corta y un gremio de deudores a su espalda, convenció a la élite Orzhov de que, si Bolas ganaba, no quedaría nadie a quien cobrar.

Vraska volvió. Ral apagó su propio faro para que no cayeran más víctimas en la trampa y decidió que ya no iba a servir a nadie más que a su ciudad. Los tres antiguos agentes de Bolas recorrieron los gremios uno por uno para pedir lo que la cumbre no había conseguido: unidad.

El regreso del dragón de fuego

Necesitaban un ritual. Necesitaban a los diez gremios a la vez. Y necesitaban a alguien capaz de entrelazar toda aquella magia sin que se rompiera.

Esa fue Nissa Revane, la elfa de Zendikar, que sabía escuchar el alma de un plano. Rodeada de magos de los diez gremios, Nissa tejió con ellos la magia de Ravnica, y de esa magia volvió a nacer Niv-Mizzet. Esta vez, con el poder del Pacto Viviente dentro de él.

Niv-Mízzet renacido

Diez gremios tuvieron que ponerse de acuerdo para devolverle la vida. Fue casi más difícil que la propia guerra.

Niv-Mízzet renacidoNiv-Mizzet Reborn

El dragón renacido destruyó a uno de los dioses eternos que servían a Bolas y cayó agotado. Pero la ciudad ya había entendido algo: unidos, los gremios podían plantar cara a un dios.

El precio de Gideon

El final llegó en una plaza, frente al dragón.

Gideon Jura, que había matado a otro de los dioses eternos con su espada negra, montó en un pegaso y cargó directamente contra Bolas. Le derribaron la montura en pleno vuelo. Iba a estrellarse contra el suelo cuando algo enorme lo atrapó al vuelo: Rakdos, el demonio de las fiestas sangrientas, que lo llevó en brazos hasta el pie del dragón y luego se lanzó él mismo contra Bolas. Duró poco. Pero Rakdos, el que firmó el Pacto riéndose, también luchó por su ciudad.

Rakdos, el Fin del Espectáculo

"Diviértanme".

Hasta el demonio más cruel de Ravnica sabía que, sin ciudad, no hay espectáculo.

Rakdos, el Fin del EspectáculoRakdos, the Showstopper

La espada de Gideon se partió contra las escamas de Bolas. El dragón la había hechizado para que no pudiera herirle. Y entonces Liliana, al ver a Gideon en el suelo, se volvió contra su amo. Liberó a los dioses eternos que controlaba y los lanzó contra Bolas. El dragón, furioso, canceló su viejo pacto demoníaco para matarla.

Gideon tomó ese pacto sobre sí mismo. Murió en lugar de Liliana.

Gideon Blackblade

El escudo de los demás hasta el último instante.

Gideon Blackblade

Lo que vino después fue rápido. Niv-Mizzet atravesó a Bolas con la lanza de una diosa caída, y otro de los dioses eternos le arrancó todas las chispas que había robado. El dragón quedó sin poder, roto. Ugin, su hermano, se lo llevó a un lugar del que no se puede salir.

Ravnica había ganado. Pero había perdido barrios enteros, miles de vidas y a un héroe que no era de allí.

Los gremios enterraron a sus muertos. Y, por una vez, lo hicieron juntos.

El último acto de GideonGideon Jura: el escudo de los demásDe Theros a Ravnica, la vida del hombre que se colocó siempre delante de los demás. Qué fue de BolasUgin y Nicol Bolas: dos dragones, un mismo huevoDos hermanos dragones, una rivalidad de milenios y un final en un reino de meditación.

Fin del capítulo 5

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En esta historia: AzorNiv-MizzetRakdosTeysa KarlovRal ZarekJace BelerenLazavAureliaTrostaniVraskaKayaNicol BolasLiliana VessGideon JuraNissa RevaneTezzeretChandra NalaarElesh NornKellan