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Capítulo 4 de 7 · 5 min de lectura

Las piezas del dragón

Sin su Pacto Viviente, Ravnica se llena de agentes de Nicol Bolas, y la cumbre que debía unirla acaba en piedra.

El problema de tener una ley con piernas es que, a veces, se va.

Jace Beleren tenía obligaciones fuera de Ravnica. Se había unido a la Guardia, un grupo de planeswalkers que juraron proteger el Multiverso, y pasaba cada vez más tiempo luchando en otros planos. Una de esas misiones lo llevó hasta Amonkhet, frente a Nicol Bolas. La Guardia perdió. Y Jace desapareció.

Ravnica se quedó sin su Pacto Viviente. Sin aviso, sin sustituto, sin nadie que arbitrara cuando los gremios empezaran a enseñarse los dientes.

Que fue, más o menos, al día siguiente.

Los azorius acusaban a los gruul de destrozar barrios enteros. Los gruul acusaban a los azorius de querer encerrarlos a todos. Los selesnya predicaban armonía mientras sus soldados vigilaban las fronteras de su territorio. Y cada vez que dos gremios chocaban, ya no había nadie con autoridad para decir quién tenía razón.

Lo que pasaba en Ixalan

Nadie en la ciudad sabía dónde estaba Jace. Ni siquiera el propio Jace.

Había aparecido en una isla de Ixalan, un plano de selvas, dinosaurios y barcos piratas, sin recordar su nombre. Allí, entre corsarios y templos perdidos, buscaba una ciudad de oro y un artefacto llamado el Sol Inmortal, capaz de impedir que los planeswalkers salieran de un plano. Y allí, al final de la búsqueda, se encontró con el creador de aquel artefacto: un esfinge viejo y orgulloso.

Era Azor. El mismo que había escrito el Pacto de los Gremios diez mil años atrás.

Jace no lo reconoció. Azor tampoco reconoció en aquel náufrago sin memoria al heredero de su ley. Pero el telépata entendió que el esfinge había hecho demasiado daño con sus buenas intenciones, y lo dejó desterrado en una isla para que no siguiera jugando a ordenar mundos ajenos.

Isperia, jueza suprema

"Sólo sirvo a la justicia. Pero mediante ese deber, sirvo a toda Rávnica."

Mientras Azor se olvidaba de Ravnica, otra esfinge intentaba que su Senado no se derrumbara.

Isperia, jueza supremaIsperia, Supreme Judge

Lo que ninguno de los dos sabía es que el Sol Inmortal ya tenía comprador. Un dragón muy antiguo llevaba tiempo esperándolo.

Las piezas del dragón

Nicol Bolas no había conquistado Amonkhet por capricho. Era un ensayo. Su verdadero objetivo era Ravnica, el plano con más gente, más poder y más conexiones del Multiverso. Y para tomarlo, no necesitaba un ejército desde fuera. Le bastaba con unos cuantos amigos dentro.

El primero fue Vraska, una gorgona que había pasado su vida en los túneles golgari, despreciada por los de arriba. Bolas le prometió el gremio, y ella se lo cobró: derrocó a su líder y se coronó reina del Enjambre. A cambio, el dragón la envió a Ixalan a buscar el Sol Inmortal. Allí conoció a un náufrago sin memoria llamado Jace. Y allí, sin quererlo, empezó a dudar de su señor.

Vraska, reina de los golgari

Una reina nacida en los túneles que juró que los de arriba no volverían a pisarla.

Vraska, reina de los golgariVraska, Golgari Queen

El segundo fue Ral Zarek. Hacía años que trabajaba en secreto para la red de Bolas, a través de su lugarteniente Tezzeret. Cuando Niv-Mizzet le confió el mayor proyecto de su vida, Ral no supo muy bien a quién estaba sirviendo.

El tercero fue Dovin Baan, un vedalken de otro plano, frío y meticuloso, al que Bolas colocó en el Senado Azorius como consejero de su líder, la esfinge Isperia. Solo tenía que esperar a que el puesto de arriba quedara libre.

Dovin, gran árbitro

Un legislador traído de fuera para escribir las leyes que le convenían al dragón.

Dovin, gran árbitroDovin, Grand ArbiterDesde 1,82 €

La cazadora de fantasmas

Y luego estaba Kaya.

Kaya era una asesina de fantasmas. Venía de otro plano, cobraba por adelantado y podía volverse intangible para atravesar paredes y apuñalar a los espíritus que nadie más podía tocar. Le ofrecieron un contrato extraño: matar al consejo de fantasmas que gobernaba el Sindicato Orzhov. Aceptó sin saber quién estaba detrás.

Cumplió el encargo. Y descubrió la trampa. Según las leyes de los Orzhov, las deudas de los muertos pasaban a quien los había matado. De repente, Kaya era dueña de miles de contratos, de miles de deudores… y del gremio entero.

Kaya, usurpadora orzhov

Vino a cobrar un trabajo. Se quedó con un gremio que no había pedido.

Kaya, usurpadora orzhovKaya, Orzhov Usurper

Una de las personas que más lo lamentó fue Teysa Karlov. Su abuelo estaba entre aquellos fantasmas, y ella llevaba media vida preparándose para heredar su sitio. En lugar de eso, tenía que enseñar a una extranjera cómo funcionaba el negocio. Lo hizo con una sonrisa educada y un cuaderno lleno de anotaciones. Kaya aprendió pronto que con Teysa nunca sabías si tenías una aliada o una acreedora.

Teysa Karlov

Mientras Kaya es maestra del gremio, Teysa espera pacientemente en el centro de la red de poder orzhov.

Nadie en el Sindicato sabía tanto de contratos. Ni tenía tantas ganas de firmar el de Kaya.

Teysa Karlov

El faro y la cumbre

Niv-Mizzet veía venir la tormenta. Sin Jace, alguien tenía que unir a los gremios contra lo que se acercaba, y el dragón tenía un plan: recrear la magia del Pacto y ocupar él mismo el lugar del Pacto Viviente. Para eso necesitaba la firma de los diez gremios.

A Ral le encargó dos cosas. Convencer a los gremios. Y construir un enorme faro, el Faro Interplanar, capaz de llamar a planeswalkers de todo el Multiverso para que acudieran a defender Ravnica si hacía falta.

Ral, Vraska y Kaya descubrieron entonces algo incómodo: los tres trabajaban, de una u otra forma, para Bolas. Y los tres empezaban a odiarlo. En reuniones secretas decidieron que iban a traicionarlo. Pero antes necesitaban que la cumbre saliera bien.

Ral, virrey ízzet

El hombre que tenía que unir diez gremios. Empezando por no electrocutar a nadie en la primera reunión.

Ral, virrey ízzetRal, Izzet Viceroy

No salió bien.

La reunión de los gremios se celebró entre desconfianzas, cuchillos escondidos y viejos rencores. Isperia, la esfinge que gobernaba el Senado, habló de los Golgari con el desprecio de siempre, como si fueran la basura que la ciudad no terminaba de barrer. Vraska llevaba toda su vida escuchando ese tono. Recordaba las celdas azorius, a las gorgonas cegadas, el desprecio de los que vivían en las torres. Algo se rompió dentro de ella.

La mirada de una gorgona convierte en piedra. Isperia no tuvo tiempo de apartar los ojos.

Durante un instante, en la sala no se oyó nada. Después, todo se vino abajo. Dovin Baan, muy oportunamente, ocupó el trono vacío del Senado. Los gremios se marcharon gritando, el ritual de Niv-Mizzet quedó a medias, Vraska huyó de la ciudad y Ral se quedó mirando un faro que ya no sabía si iba a salvar Ravnica… o a entregársela a Bolas.

Porque el dragón también tenía su propio uso para aquel faro.

Y estaba a punto de llegar.

La Guardia derrotadaGideon Jura: el escudo de los demásAntes de Ravnica, la Guardia se enfrentó a Bolas en Amonkhet y perdió. Gideon nunca olvidó esa derrota.

Fin del capítulo 4

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