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Capítulo 6 de 6 · 5 min de lectura

La Guerra de la Chispa

En Ravnica, Nicol Bolas tiende su trampa final. Jace, la mente de la Guardia, tendrá que pensar más rápido que el dragón… y perder a un amigo.

Jace volvió con los suyos justo a tiempo para enterarse de lo peor.

La Guardia se había reunido en Dominaria después de Amonkhet. Gideon lo abrazó como a un hermano. Chandra le dio un puñetazo en el hombro y luego lo abrazó también. Liliana se limitó a mirarlo y a decirle que tenía mala cara. Jace les contó lo que había descubierto en Ixalan: el Sol Inmortal, la promesa del dragón a Vraska, los gremios de Ravnica. Todas las piezas apuntaban al mismo sitio.

Bolas iba a por su ciudad.

Jace, esgrimidor de misterios

El Pacto Viviente volvía a casa. La casa ya estaba ardiendo.

Jace, esgrimidor de misteriosJace, Wielder of Mysteries

El puente sobre la cámara

Cuando llegaron, la trampa ya estaba montada. Un puente gigantesco entre planos se abrió sobre la Cámara del Pacto, el corazón legal de Ravnica, y en ese mismo instante Jace sintió que algo se arrancaba de su interior. La magia del Pacto Viviente, la que lo unía a los diez gremios, se apagó como una vela.

Ya no era la ley de Ravnica. Era solo un hombre en una ciudad en guerra.

Del puente salían los Eternos de Amonkhet, guerreros momificados recubiertos de metal azul. Y en algún lugar de la ciudad, el Sol Inmortal brillaba de nuevo, ahora en manos del dragón, impidiendo que ningún planeswalker pudiera escapar.

El Hechizo del Anciano

El ascenso al poder suele estar sembrado de atrocidades.

El Hechizo del AncianoThe Elderspell

Aquello no era una invasión. Era una cosecha. Bolas había atraído a Ravnica a cientos de planeswalkers con una señal, los había encerrado y estaba recogiendo sus chispas una a una para volver a ser un dios.

La mente de la resistencia

Jace hizo lo que mejor sabía hacer. Pensó.

Organizó a los planeswalkers que quedaban, muchos de ellos desconocidos entre sí, venidos de mundos que nadie había visitado. Conectó sus mentes para que pudieran hablar sin palabras en medio del caos. Buscó a los líderes de los gremios, uno a uno, para convencerlos de que, por una vez, lucharan juntos. Era agotador. Era como sostener diez conversaciones a la vez mientras alguien le gritaba al oído.

Triunfo de Jace

Su triunfo no consistió en superar los planes de Nicol Bolas, sino en entender por qué el poder absoluto es contraproducente.

Triunfo de JaceJace's Triumph

Y en medio de todo, encontró a Vraska.

Ella había conseguido lo que el dragón le prometió: era la reina de los Golgari. Y lo miraba con frialdad, como a un viejo enemigo. No recordaba Ixalan. No recordaba el Beligerante, ni los mapas, ni la playa. Jace se acercó despacio, le pidió permiso con la mirada y abrió la puerta que había dejado sellada en su mente.

Vraska cerró los ojos. Cuando los volvió a abrir, eran otros.

Vraska, eminencia del Enjambre

Jace le devolvió sus recuerdos. Ella le devolvió a los Golgari.

Vraska, eminencia del EnjambreVraska, Swarm's Eminence

Liliana

El problema más grande tenía nombre propio. Al frente de los Eternos, dirigiéndolos desde lo alto, estaba Liliana Vess.

Jace lo entendió enseguida, porque la conocía mejor que nadie. El contrato. Los cuatro demonios. Aquella palidez en Dominaria, como si oyera algo muy lejos. Bolas la tenía atada desde el principio, y ahora tiraba de la cuerda.

Hubo que decidir qué hacer con ella. Fue la conversación más difícil de la vida de Jace. Todos sabían que, mientras Liliana controlara a los Eternos, Ravnica caería. Él planteó opciones con la voz más tranquila que pudo, y cada opción era peor que la anterior. Chandra se negó a escucharlas. Gideon escuchó todas en silencio.

Luego dijo que iría él.

Jace sabía lo que eso significaba. Conocía a Gideon. Sabía que no sería capaz de hacerle daño. Y sabía también que, si alguien en el Multiverso podía conseguir que Liliana eligiera, era él.

El precio

No lo vio con sus ojos. Lo sintió a través del vínculo mental que mantenía con la Guardia: Gideon en la plaza, rodeado de Eternos, mirando a Liliana. Liliana dándose la vuelta. Los Eternos deteniéndose en seco. Y después, la rabia del dragón cayendo sobre ella, y Gideon poniéndose delante.

Sintió cómo se apagaba la mente de su amigo. Tranquila. Sin miedo. En su último pensamiento había una colina, una tarde de sol y unos chicos con lanzas que le sonreían.

Jace se quedó de rodillas en medio de la batalla, con la cara mojada. No tuvo tiempo de llorarlo. Liliana volvía a los Eternos contra su amo, la ciudad entera atacaba y el dragón empezaba, por primera vez en siglos, a perder.

El último juramento de GideonGideon Jura: el escudo de los demásJace lo sintió a través de su mente. Esta es la historia completa del soldado que se puso delante hasta el final.

La última ilusión

Bolas cayó. Los planeswalkers recuperaron sus chispas. Y entonces apareció Ugin, el dragón espíritu, el hermano gemelo de Bolas, para hacer lo que nadie más podía: llevárselo a un lugar fuera del tiempo, una prisión de la que quizá nunca saldría.

Pero Ravnica estaba llena de gente furiosa, herida, que quería ver al dragón muerto. Si descubrían que solo se lo iban a llevar, el caos volvería a empezar.

Así que Jace hizo su última jugada. Con lo que le quedaba de fuerzas, levantó una ilusión enorme sobre la plaza: el cadáver del dragón, inmóvil, derrotado, a la vista de todos. Mientras miles de ravnicanos contemplaban aquella imagen, Ugin se llevaba al verdadero Bolas sin que nadie lo viera.

Ugin, el Inefable

Ugin, el InefableUgin, the Ineffable

Casi nadie supo nunca que el dragón que celebraron ver vencido ya no estaba allí.

Lo que se recuerda

Ravnica se reconstruyó. Niv-Mizzet, el dragón genio del gremio Izzet, volvió de entre los muertos y asumió el papel de protector de la ciudad. Jace ya no era el Pacto Viviente, y descubrió que no lo echaba de menos.

Niv-Mízzet renacido

Niv-Mízzet renacidoNiv-Mizzet Reborn

Una tarde, Vraska lo encontró sentado en un puente, mirando el agua.

—Estás pensando en él —le dijo.

—Estoy pensando en todo —respondió Jace—. Es lo malo de recordarlo todo. No puedes elegir qué olvidar.

Ella se sentó a su lado. Durante mucho rato no dijeron nada. Jace pensó en Alhammarret, que le había robado su pasado. En Emmara, que le había pedido perder el suyo. En Liliana, a la que nunca había podido leer. En Gideon, al que nunca había hecho falta leer, porque siempre decía exactamente lo que pensaba.

Pensó que, después de una vida entera perdiendo recuerdos, los que más le dolían eran los que nadie le podría quitar.

Y no habría querido que se los quitaran por nada del mundo.

Lo que vino despuésLa invasión pirexiana: de Urza a Elesh NornBolas había caído, pero el Multiverso no descansaría mucho. Una amenaza más antigua y más paciente que el dragón esperaba su momento en Pirexia.

Fin de «Jace Beleren: la mente que lo recuerda todo»

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