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Capítulo 1 de 6 · 5 min de lectura

El aprendiz de la esfinge

En Vryn, un niño que oye los pensamientos de los demás descubre que su maestro le está robando los suyos.

Jace Beleren tenía doce años la primera vez que oyó lo que pensaba su madre sin que ella abriera la boca.

Fue durante la cena. Ella sonreía, servía la sopa, preguntaba por las clases. Y debajo de la sonrisa, como el murmullo de un río bajo el hielo, Jace oyó otra cosa: preocupación. Por el dinero, por la guerra, por él. Se le cayó la cuchara. Nunca se lo contó a nadie aquella noche, pero desde entonces ya no pudo dejar de oírlo. Las mentiras pequeñas de los vecinos. Los miedos de los comerciantes. Los secretos que todo el mundo guardaba y que, para él, estaban escritos en la cara de la gente como en un cartel.

Jace, prodigio de Vryn

Un niño que lo oía todo. Nadie le había enseñado a no escuchar.

Jace, prodigio de VrynJace, Vryn's Prodigy

Un mundo de anillos

Vryn, su mundo, era un plano surcado por anillos gigantescos. Flotaban sobre el paisaje como ruedas de piedra y metal, y canalizaban la magia de un lugar a otro, igual que las acequias llevan el agua. Quien controlaba los anillos controlaba la magia. Y por eso, en Vryn, siempre había alguien peleándose por ellos.

Red de anillos mágicos

Red de anillos mágicosMage-Ring Network

En tiempos de Jace eran dos bandos, enfrentados desde hacía generaciones por el control de los anillos. Una guerra lenta, fría, hecha de emboscadas, de espías y de treguas que nadie respetaba. Jace creció en Silmot, una aldea en un cruce de caminos donde los soldados de ambos bandos pasaban y nunca se quedaban. Su padre era un hombre práctico. Su madre, una mujer dulce. Ninguno de los dos sabía qué hacer con un hijo que adivinaba lo que pensaban.

Así que lo mandaron a alguien que sí lo sabía.

Alhammarret

Alhammarret era una esfinge. Enorme, alada, con un rostro sereno de piedra viva y unos ojos que parecían haberlo leído todo. Vivía en una torre apartada, y su oficio era el de árbitro: los dos bandos de la guerra de los anillos confiaban en él para negociar treguas, intercambiar prisioneros y resolver disputas. Era sabio, era neutral y era telépata. El maestro perfecto para un chico como Jace.

Alhammarret, árbitro supremo

El árbitro de Vryn. Neutral, sabio y paciente. Al menos, en apariencia.

Alhammarret, árbitro supremoAlhammarret, High Arbiter

Durante años, Jace aprendió con él. A cerrar su mente al ruido de los demás. A entrar en la de otra persona sin que se diera cuenta. A buscar un recuerdo concreto entre miles, como quien busca un libro en una biblioteca inmensa. Alhammarret era exigente y frío, pero Jace lo admiraba con la devoción de un aprendiz que por fin ha encontrado a alguien que lo entiende.

Talento del telépata

Talento del telépataTalent of the Telepath

La esfinge empezó a usarlo en su trabajo. Lo mandaba a las reuniones con los dos bandos para leer las mentes de los negociadores. Jace volvía, contaba lo que había visto, y Alhammarret asentía en silencio.

Y luego Jace no recordaba nada.

Los huecos

Al principio no le dio importancia. Un día que se le había ido de la cabeza. Una conversación que no lograba recordar del todo. Cosas que le pasan a cualquiera.

Pero los huecos crecían. Se despertaba con heridas que no sabía cómo se había hecho. Encontraba en su habitación objetos que no recordaba haber comprado. Una vez, en un camino, un soldado de uno de los bandos lo saludó por su nombre con una familiaridad que a Jace le heló la sangre. Nunca lo había visto antes. O eso creía.

Así que hizo algo que ningún telépata haría: empezó a escribir. En papel. Notas escondidas, con su letra, dobladas en sitios que solo él conocía. Si alguien le estaba quitando los recuerdos, no podría quitarle la tinta.

Las notas le contaron la verdad.

La chispa escondida

Alhammarret no era neutral. Jugaba con los dos bandos a la vez, alargando la guerra porque la guerra lo hacía imprescindible. Y Jace era su herramienta: entraba en las mentes que la esfinge le indicaba, sacaba lo que la esfinge quería y, después, Alhammarret le borraba todo para que nunca pudiera contarlo.

Pero eso no era lo peor. Lo peor estaba en una nota escrita con una letra temblorosa, la de un Jace más joven del que ya no se acordaba.

Un año antes de llegar a la torre, en un momento de miedo, su mente se había abierto a algo enorme. Durante un instante había caído fuera de Vryn, a un lugar sin forma entre los mundos, y había vuelto. Su chispa de planeswalker ya se había encendido. Y Alhammarret lo sabía. Lo había sabido siempre. Y se lo había borrado.

—Me has quitado lo que soy —le dijo Jace a la esfinge aquella noche, temblando.

Alhammarret no lo negó. Solo lo miró con lástima, como se mira a una herramienta que de pronto se cree persona.

El duelo

Lo que siguió no lo vio nadie. Dos telépatas, uno frente a otro, luchando en un lugar que no existía: dentro de sus propias cabezas. Alhammarret era más viejo, más fuerte y conocía cada rincón de la mente de Jace porque llevaba años paseando por ella. Pero Jace tenía algo que la esfinge no esperaba. Rabia. Y papel.

Usó lo que había aprendido de su maestro contra su maestro. Entró en su mente como Alhammarret había entrado tantas veces en la suya, sin pedir permiso. Y cuando la esfinge quiso cerrarle las puertas, ya era tarde.

La mente de Alhammarret se rompió. Y con ella, la esfinge murió.

Jace, telépata desenfrenado

Ganó el duelo. Perdió todo lo demás.

Jace, telépata desenfrenadoJace, Telepath Unbound

El golpe de vuelta fue terrible. Jace, herido, aturdido, con la cabeza ardiendo, sintió que el mundo se le escapaba. Su chispa, despierta por fin, lo arrancó de Vryn sin pedirle opinión y lo arrojó a través del vacío.

Cuando abrió los ojos, estaba en un callejón mojado, rodeado de edificios tan altos que no se veía el cielo. Una ciudad sin fin. Ravnica.

Sabía su nombre. Sabía que era telépata. Y poco más. Vryn, sus padres, Silmot, la esfinge… todo se había quedado al otro lado del vacío, hecho jirones.

Durante muchos años, Jace Beleren no recordaría de dónde venía.

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Es la montura favorita de los comandantes militares y de cualquiera con inclinaciones teatrales.

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Otro planeswalker que cambió de vidaGideon Jura: el escudo de los demásJace perdió su pasado sin quererlo. Gideon intentó enterrar el suyo cambiándose de nombre. Ninguno de los dos lo consiguió del todo.

Fin del capítulo 1

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En esta historia: Jace BelerenTezzeretLiliana VessChandra NalaarGideon JuraNissa RevaneVraskaNicol BolasUginLos titanes eldrazi