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Capítulo 4 de 6 · 5 min de lectura

La Guardia

Jace jura proteger el Multiverso junto a Gideon, Chandra y Nissa. Pero en Amonkhet descubre que hay mentes demasiado grandes para leerlas.

Gideon Jura apareció en su puerta un día cualquiera, con la armadura llena de polvo y una petición que no admitía un no.

—Zendikar se muere —le dijo—. Necesito a alguien que piense.

Jace era el Pacto Viviente. Tenía diez gremios pendientes de cada palabra suya, una ciudad que no podía dejar sola y una lista de responsabilidades más larga que su brazo. Le dijo que no podía. Gideon le habló entonces de unas piedras flotantes cubiertas de símbolos, colocadas siguiendo un patrón que nadie entendía.

Jace se fue con él esa misma tarde.

Edro de almacenaje

"Estás comenzando a entender el verdadero propósito de los edros", dijo Ugin. "Los Eldrazi pueden ser encerrados"."¿Y qué tal funcionó el sistema la última vez?", preguntó Jace.

Piedras talladas hace milenios. Para Jace, el rompecabezas más grande que había visto nunca.

Edro de almacenajeHedron Archive

El rompecabezas de Ugin

Los monolitos de Zendikar los había creado Ugin, hacía milenios, para atrapar a los Eldrazi. Jace lo comprendió estudiándolos noche tras noche, a la luz de las hogueras del campamento, mientras los demás dormían. Eran una red. Una jaula del tamaño de un mundo. Y unidos a las líneas de energía que corrían bajo la tierra, las que Nissa Revane sentía como si fueran sus propias venas, podían volver a funcionar.

Nissa no confiaba en él. Lo dejó claro desde el principio. Era una elfa callada, de mirada intensa, que había visto morir a su pueblo y que no creía en planes de forasteros. Pero cuando Jace le explicó lo que había descubierto, ella escuchó.

Nissa, la voz de Zendikar

Nissa, la voz de ZendikarNissa, Voice of Zendikar

Juntos atraparon a Ulamog. Por unos minutos, el titán quedó inmóvil en medio de una jaula de piedras flotantes, y Jace sintió algo parecido al orgullo.

Luego llegó Kozilek. Y con él, el demonio Ob Nixilis. La jaula se rompió, ellos quedaron atrapados, y fue Chandra, otra vez Chandra, quien llegó a fuego para sacarlos de allí.

Jurar

Gideon fue el primero en jurar. Jace lo escuchó con escepticismo: aquel hombre creía en las personas con una facilidad que a él le parecía casi ingenua. Pero cuando le tocó, Jace descubrió que también quería creer.

Juramento de Jace

"Por el bien del Multiverso, mantendré la guardia".

Juramento de JaceOath of Jace

Prometió poner su mente al servicio de los demás. Que la usaría para entender las amenazas antes de que fuera tarde. Que nunca volvería a mirar hacia otro lado mientras un mundo ardía. Chandra y Nissa juraron después. Así nació la Guardia.

Con el poder de Nissa y el fuego de Chandra, los Eldrazi de Zendikar cayeron. Y Jace, que llevaba años sintiéndose culpable por lo que pasó en el Ojo de Ugin, sintió por primera vez que había ayudado a cerrar una herida que él mismo había contribuido a abrir.

La luna de Innistrad

En Innistrad, la Guardia se encontró con el tercer titán. Emrakul.

Jace llegó antes que los demás, investigando con Tamiyo, una erudita de otro mundo que coleccionaba historias. Recorrió aldeas donde la gente se transformaba, leyó las mentes de los afectados y no encontró en ellas pensamientos, sino un ruido enorme, como un océano que hablara todas las lenguas a la vez. Era Emrakul. No se podía leer. Solo se podía soportar.

Tamiyo, exploradora de campo

Tamiyo, exploradora de campoTamiyo, Field Researcher

En la batalla final, Gideon quedó atrapado dentro de su propia mente, en una pesadilla de la que no podía salir. Jace entró a buscarlo. Lo encontró en una colina de un mundo que no conocía, arrodillado entre cadáveres. Le habló. Le tiró de la mano. Y lo sacó.

Después, entre todos, encerraron a Emrakul en la luna de plata.

Y allí, en Innistrad, volvió a aparecer Liliana.

Un viejo amor

Llegó con un ejército de muertos y salvó la batalla. Cuando todo terminó, Jace la miró desde el otro lado de un campo de cadáveres y sintió exactamente lo mismo que en Ravnica, años atrás: fascinación, desconfianza y algo que no quería nombrar.

Le ofrecieron entrar en la Guardia, y ella aceptó. Jace sabía que Liliana nunca hacía nada sin un motivo. Pero, por una vez, prefirió no preguntar cuál era.

Jace, Descifrador de Misterios

Jace, Descifrador de MisteriosJace, Unraveler of Secrets

Hubo después una revolución en Kaladesh, el mundo natal de Chandra, contra un gobierno que escondía detrás a un viejo conocido: Tezzeret, el hombre del brazo de metal, que había recuperado parte de su mente y servía ahora abiertamente a Nicol Bolas. La Guardia lo frustró, pero no lo atrapó. Y el nombre del dragón quedó flotando entre ellos como una amenaza.

Gideon quería atacar ya. Chandra también. Jace pidió tiempo para investigar, para preparar un plan, para saber al menos a qué se enfrentaban. Lo escucharon. Pero no lo suficiente.

Así que decidieron ir a buscarlo.

La mente del dragón

Amonkhet fue un error. Jace lo supo en cuanto el cielo se partió y Nicol Bolas apareció sobre el desierto, inmenso, dorado, sonriente.

Antes de eso, Liliana había destruido a su tercer demonio de una forma que Jace no podía quitarse de la cabeza. Aquella noche, junto a una hoguera, le había preguntado cuántos le quedaban. Uno, le dijo ella. Y después, nada más. Jace se fue a dormir con la sensación de que acababa de perderla, otra vez.

Pero no hubo tiempo para eso. Llegó el dragón.

Jace hizo lo que sabía hacer: entró en su mente. Era un error de principiante y lo supo nada más hacerlo. La mente de Bolas no era una biblioteca. Era un océano negro sin fondo, más antiguo que muchos mundos, lleno de cosas que nadie debería ver. Y el dragón le estaba esperando dentro.

Nicol Bolas, Dios Faraón

Jace había leído mil mentes. La de Bolas fue la primera que lo leyó a él.

Nicol Bolas, Dios FaraónNicol Bolas, God-Pharaoh

Bolas no luchó. Apretó. Jace sintió que su propia mente se doblaba como una hoja de papel, que los recuerdos se le soltaban, que algo dentro de él se rompía. Gritó. O creyó gritar.

Y luego, por puro instinto, huyó. Su chispa lo arrancó del plano antes de que él pudiera decidir adónde.

No le dio tiempo a despedirse de nadie. No le dio tiempo a recordar nada.

Literalmente.

La Guardia desde dentroGideon Jura: el escudo de los demásEl juramento, la luna de Innistrad y la derrota de Amonkhet vistos por el soldado que unió a la Guardia.

Fin del capítulo 4

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En esta historia: Jace BelerenTezzeretLiliana VessChandra NalaarGideon JuraNissa RevaneVraskaNicol BolasUginLos titanes eldrazi