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Capítulo 4 de 7 · 5 min de lectura

Mirrodin, el mundo de metal

Karn construye un plano perfecto, lo deja en manos de un guardián y se marcha. No sabe lo que ha dejado dentro.

Hay un tipo de soledad que solo conocen los creadores. Karn la sentía desde que se convirtió en planeswalker. Había sido fabricado, había servido, había luchado. Ahora era libre, y no sabía muy bien qué hacer con esa libertad.

Así que hizo lo único que sabía hacer de verdad: construir.

Argentum

En algún rincón del Multiverso, Karn creó un plano entero. No uno de piedra y tierra como Dominaria, sino uno hecho de metal: llanuras de cobre, montañas de hierro, bosques de árboles metálicos, mares de mercurio. Lo llamó Argentum, y era su gran obra. Un mundo pensado para observar, para aprender cómo crece la vida en un sitio donde todo es mecánico.

Núcleo de Mirrodin

Karn no plantó semillas: forjó un mundo entero y esperó a ver qué crecía en él.

Núcleo de MirrodinMirrodin's Core

Como Karn no podía quedarse allí para siempre, construyó un guardián. Un gólem inteligente encargado de cuidar el plano mientras su creador viajaba. Se llamaba Memnarch.

Karn le dio instrucciones sencillas: cuidar el mundo, mantenerlo en orden, observar. Y se marchó tranquilo, convencido de que lo dejaba en buenas manos.

Es fácil imaginar la despedida. El gólem de plata, enorme y paciente, en lo alto de una llanura metálica que acababa de terminar. A su lado, su guardián, más pequeño, todavía aprendiendo a pensar.

—¿Cuándo volverás? —le preguntaría Memnarch.

—Cuando haya algo que ver —contestaría Karn—. Tú cuídalo hasta entonces.

Para Karn, aquello era un encargo. Para Memnarch, con el tiempo, se convertiría en una herida: la de ser el que se queda mientras el otro se va. Y Karn, que había aprendido tantas cosas sobre las personas a bordo del Vientoligero, no supo ver que acababa de crear a alguien capaz de sentir abandono.

Lo que se quedó en el metal

Lo que Karn no sabía era que, al crear Argentum, había dejado algo atrás. La gota de aceite pirexiano que llevaba dentro desde la guerra contra Yawgmoth se había filtrado en su mundo.

Era casi nada. Una sombra en el metal. Pero el aceite pirexiano no es una sustancia cualquiera: es como una enfermedad que piensa. Lleva dentro la idea de Pirexia, la vieja doctrina de que la carne es débil y la perfección está en la compleción. Y en un mundo hecho de metal, esa idea tenía mucho con lo que trabajar.

La primera víctima fue el propio guardián.

Memnarch

En la línea entre el metal y la carne, Memnarch encontró la locura.

Lo construyeron para cuidar un mundo. El aceite le enseñó a querer poseerlo.

Memnarch

El guardián que quiso ser dios

Poco a poco, Memnarch cambió. Empezó a obsesionarse con su creador. Quería entender por qué Karn tenía una chispa y él no. Quería ser como Karn. Quería ser planeswalker.

Y para conseguirlo empezó a hacer cosas terribles. Trajo seres de otros planos a su mundo de metal: humanos, elfos, goblins, leoninos, arrancados de sus hogares y abandonados en Argentum. Puso cinco soles en el cielo. Cambió el nombre del mundo, que pasó a llamarse Mirrodin. Y empezó a experimentar con los recién llegados, buscando la manera de arrancarles el secreto de la chispa.

Los habitantes de Mirrodin no sabían nada de todo esto. Crecieron creyendo que siempre habían vivido allí, entre metal y cinco soles, sin recordar de dónde venían sus antepasados.

Y el mundo los cambió. Los humanos de las llanuras nacían con placas de metal en la piel. Los elfos del bosque de cobre tenían costuras metálicas en los brazos. Los goblins de las montañas se alimentaban de chatarra, y los leoninos cabalgaban por las llanuras con armaduras que les crecían solas. En Mirrodin, la carne y el metal habían aprendido a convivir. Era extraño, pero era hermoso a su manera. Era un mundo en equilibrio.

Un equilibrio que el aceite odiaba.

Ciudadela de acero oscuro

Las estructuras construidas con acero oscuro no ceden ante el asalto ni ante el paso del tiempo.

En Mirrodin hasta las fortalezas parecían crecer solas del suelo de metal.

Ciudadela de acero oscuroDarksteel Citadel

Glissa

Quien acabó descubriendo la verdad fue una elfa llamada Glissa. Una noche, unos monstruos mecánicos atacaron su casa en el bosque y mataron a su familia. Glissa sobrevivió y quiso saber por qué. Esa pregunta la llevó, junto a un goblin entrañable llamado Slobad y otros compañeros, a recorrer Mirrodin entero hasta llegar a su centro.

Glissa Buscasol

"Hay un secreto en lo más profundo de este mundo y estoy dispuesto a descubrirlo."

Una elfa con preguntas incómodas, en un mundo que no quería responderlas.

Glissa BuscasolGlissa Sunseeker

Allí, en el núcleo hueco del plano, encontró a Memnarch. Y encontró la verdad: que su mundo había sido creado, que su gente había sido traída a la fuerza y que el guardián la había estado buscando a ella porque tenía una chispa latente. Memnarch quería usarla para conseguir la suya.

Glissa luchó, y ganó. Memnarch cayó, y por un tiempo pareció que Mirrodin podría vivir en paz.

Karn regresó por fin a su mundo y se encontró con todo lo que había pasado en su ausencia. Pidió perdón a su manera, torpe y sincera, y devolvió a muchos de los arrancados la posibilidad de vivir en paz. Luego se marchó otra vez, creyendo que el problema había sido Memnarch.

No lo era.

Algo despierta bajo el metal

Pero la gota de aceite no se había ido a ninguna parte.

Durante todos aquellos años, mientras Memnarch enloquecía y Glissa luchaba, el aceite se había ido extendiendo por el núcleo de Mirrodin. Lentamente. En silencio. Y allí abajo, donde nadie miraba, había empezado a fabricar algo. Primero criaturas pequeñas. Luego más grandes. Luego un ejército. Y por fin, una sociedad entera con sus castas, sus líderes y su religión. La vieja fe de Yawgmoth, renacida en un mundo nuevo.

Nexo de polillas titilantes

Los mirranos creían conocer cada rincón de su mundo. El núcleo tenía sus propios planes.

Nexo de polillas titilantesBlinkmoth Nexus

Los mirranos tardaron demasiado en darse cuenta. Cuando por fin vieron a los primeros pirexianos subir desde las profundidades, ya era tarde. Algunos de sus vecinos tenían manchas negras en la piel y una mirada vacía. Algunos de sus líderes habían cambiado de bando sin que nadie se diera cuenta. Incluso Glissa, la heroína que había derrotado a Memnarch, acabaría convertida en una de ellos.

Mirrodin estaba siendo devorado desde dentro. Y a muchos planos de distancia, un gólem de plata empezaba a sentir que algo iba muy, muy mal en su obra.

Fin del capítulo 4

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En esta historia: UrzaMishraKarnElesh NornSheoldredJace BelerenNahiri