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Capítulo 2 de 6 · 5 min de lectura

El Consorcio Infinito

En Ravnica, un joven telépata sin pasado cae en las redes de Tezzeret… y en las de una nigromante llamada Liliana Vess.

Ravnica era el mejor lugar del Multiverso para un chico que sabía leer mentes. Y el peor.

El plano entero era una ciudad. Calles sobre calles, puentes sobre puentes, mercados que no cerraban nunca. Diez gremios se repartían el poder: unos hacían las leyes, otros las rompían, otros comerciaban, otros investigaban, otros se dedicaban a cosas de las que era mejor no saber nada. En Ravnica todo el mundo tenía un secreto. Y Jace podía verlos todos.

Jace Beleren

Un chico sin pasado en una ciudad llena de secretos. Mala combinación.

Jace Beleren

El oficio de saber

Al principio lo hizo para sobrevivir. Un comerciante que escondía deudas. Un funcionario que aceptaba sobornos. Un noble con una amante. Jace se acercaba, sonreía, les susurraba lo que sabía y ellos pagaban para que se callara.

No estaba orgulloso. Pero tampoco le parecía tan grave. Al fin y al cabo, eran ellos los que tenían algo que esconder.

Aprendió rápido las reglas de la ciudad. Que un secreto vale más cuanto menos gente lo conoce. Que nunca hay que amenazar a alguien que no tiene nada que perder. Y que, en Ravnica, la persona más peligrosa de una habitación casi nunca es la que va armada.

Hizo algunos amigos, pocos. Kallist Rhoka, un espadachín de sonrisa fácil que lo protegía en los callejones a cambio de una parte del botín. Emmara Tandris, una elfa sanadora del gremio Selesnya, que no le pedía nada y lo trataba como si fuera mejor persona de lo que era. Jace no sabía qué hacer con ella. Nadie había esperado nunca cosas buenas de él.

Emmara, encarnación del acuerdo

"Cualquier cosa que destruya el odio puede revivir con un único acto de confianza".

Una amiga que no le pedía nada. En Ravnica, eso era casi un milagro.

Emmara, encarnación del acuerdoEmmara, Soul of the AccordDesde 0,89 €

A veces, de noche, intentaba recordar de dónde venía. Cerraba los ojos y buscaba. Encontraba trozos sueltos: un anillo de piedra en el cielo, el olor de una sopa, unas alas enormes recortadas contra una torre. Nada más. Al final dejó de buscar. Se dijo que no importaba. Que un hombre es lo que hace, no lo que recuerda.

Tardaría muchos años en descubrir lo equivocado que estaba.

El hombre del brazo de metal

Un chico con ese talento no podía pasar desapercibido mucho tiempo. Una noche, alguien lo encontró.

Se llamaba Tezzeret. Era un planeswalker como él, aunque Jace todavía no sabía del todo qué significaba eso. Tenía un brazo de metal brillante, una mirada calculadora y una organización entera a sus órdenes: el Consorcio Infinito, una red de ladrones, espías y mercaderes que traficaba con objetos mágicos a lo largo de muchos mundos.

Tezzeret El Buscador

Tezzeret El BuscadorTezzeret the Seeker

Tezzeret le ofreció un trabajo. No era exactamente una oferta. En el Consorcio no se decía que no.

Jace aprendió mucho allí. Que había otros mundos, cientos, miles. Que se podía viajar entre ellos. Que el Multiverso estaba lleno de tesoros y de gente dispuesta a matar por ellos. Y aprendió también lo que pasaba cuando le fallabas a Tezzeret. Después de una misión fallida en un mundo helado, donde tuvo que reunirse con el enviado de un dragón al que nadie se atrevía a nombrar, volvió a casa con un dedo del pie de menos. El Consorcio no perdonaba.

Aquel dragón tenía nombre, aunque Jace tardaría años en saberlo. Nicol Bolas.

Liliana

Entonces apareció ella.

Liliana Vess no entró en su vida como una enemiga. Entró como una sonrisa en una fiesta, como una conversación que se alargó toda la noche, como alguien que, por primera vez, no parecía tenerle miedo. Jace no podía leerle la mente: Liliana era demasiado poderosa, demasiado vieja, demasiado cuidadosa. Y eso, para un chico que lo sabía todo de todo el mundo, era lo más fascinante que le había pasado nunca.

Liliana Vess

La única mente de Ravnica que Jace no podía leer. Por eso se enamoró de ella.

Liliana Vess

Se enamoró. Así de sencillo. Así de peligroso.

Lo que Jace no sabía era que Liliana tenía sus propios motivos para estar allí, y ninguno de ellos era él. Hay quien dice que, ya entonces, alguien mucho más grande movía los hilos detrás de ella. Sea como fuera, Liliana necesitaba a Jace contra Tezzeret, y lo utilizó sin pestañear: fue ella quien, sin que él lo supiera, reveló al Consorcio dónde se escondía.

Los hombres de Tezzeret lo capturaron. Una de sus agentes, una hechicera de fuego llamada Baltrice, se encargó de hacerle daño mientras Tezzeret construía una máquina para controlar su mente. Kallist intentó ayudarle. No salió bien.

La mente contra el metal

Fue Liliana quien lo sacó de allí. La misma que lo había vendido. Jace nunca supo si lo hizo por cálculo o por algo más, y Liliana nunca se lo dijo.

Libre, herido y furioso, Jace fue a buscar a Tezzeret.

El combate fue en el terreno de Jace. Tezzeret era un genio con el metal, con los artefactos, con las máquinas. Pero la mente es otra cosa. Jace entró en la suya como había entrado en la de Alhammarret, años atrás, en un mundo que ya no recordaba. Y cuando salió, Tezzeret estaba vacío. Ni nombres, ni planes, ni secretos.

Jace, el escultor mental

En Ravnica aprendió que una mente se puede esculpir. También que se puede romper.

Jace, el escultor mentalJace, the Mind Sculptor

El Consorcio Infinito, sin cabeza, se vino abajo en cuestión de semanas.

Lo que queda

Jace ganó. Pero no se sintió como un vencedor.

Kallist había muerto por su culpa, de una forma tan retorcida que Jace no quería ni recordarla. Liliana se había ido, como siempre, sin despedirse. Y en el espejo veía a un joven que acababa de borrar la mente de un hombre y que no estaba seguro de que eso lo hiciera mejor que él.

Se prometió una cosa: nunca más volvería a ser la herramienta de nadie. Ni de una esfinge, ni de un mercader, ni de una mujer de ojos violeta.

Le costaría cumplirlo.

Porque Tezzeret, con el tiempo, recuperaría parte de lo que había perdido. Porque el dragón ya conocía su nombre. Y porque Liliana Vess volvería a aparecer en su vida una y otra vez, cada vez que menos lo esperara, siempre con una sonrisa y nunca con toda la verdad.

El contrato de LilianaLiliana Vess: el precio de la eternidadCuando Liliana sedujo a Jace en Ravnica, ya llevaba siglos pagando un contrato con cuatro demonios. Esta es su versión de la historia.

Fin del capítulo 2

Siguiente · Capítulo 3El Ojo y el LaberintoEn Zendikar, Jace ayuda sin saberlo a liberar a los Eldrazi. En Ravnica, resuelve un laberinto y se convierte en la ley viva de una ciudad entera.Seguir leyendo →

En esta historia: Jace BelerenTezzeretLiliana VessChandra NalaarGideon JuraNissa RevaneVraskaNicol BolasUginLos titanes eldrazi