Cuando Gideon volvió a Zendikar, Zendikar se estaba muriendo.
Los eldrazi lo habían arrasado casi todo. Donde antes había selvas, ahora había llanuras de polvo blanco, y la roca se deshacía en figuras geométricas extrañas, como si alguien hubiera borrado el color del mundo. Los supervivientes se apiñaban en los pocos lugares que aún resistían. El más importante de todos era la Puerta del Mar, un faro inmenso junto al océano que guardaba los saberes de todo el plano.
La Puerta del Mar cayó poco antes de que él llegara.
En Zendikar, Gideon dejó de ser un soldado para convertirse en algo más: un aliado.
Gideon, aliado de ZendikarGideon, Ally of Zendikar
Lo que hay bajo las rocas
Gideon sabía luchar. Pero sabía también que luchar no bastaba. Ulamog, el titán eldrazi que devoraba Zendikar, no se podía matar con espadas. Haría falta entender cómo funcionaba aquel mundo, por qué las rocas flotaban, qué eran aquellos monolitos tallados que aparecían en todas partes con dibujos tan antiguos que nadie sabía leerlos.
Haría falta una mente.
Así que, antes de volver al frente, Gideon fue a Ravnica a buscar a la persona más lista que conocía. Jace Beleren era un telépata joven, desconfiado y con demasiadas responsabilidades encima: acababa de convertirse en el Pacto Viviente, el guardián de la paz entre los gremios de Ravnica. No tenía tiempo. No quería ir.
—No te pido que luches —le dijo Gideon—. Te pido que mires. Allí hay un rompecabezas del tamaño de un mundo. Y nadie más lo puede resolver.
Jace fue. Gideon sabía que iría. No había rompecabezas que Jace supiera dejar sin resolver.
Durante el viaje apenas hablaron. Jace observaba a Gideon como quien estudia un mecanismo raro, intentando averiguar qué lo movía. Gideon lo dejó hacer. No tenía nada que esconder, y eso, para un telépata acostumbrado a las mentiras de Ravnica, era casi lo más sospechoso de todo.
El rompecabezas de JaceJace Beleren: la mente que lo recuerda todoGideon convenció a Jace con un enigma. Pero el telépata ya llevaba muchos años cargando con enigmas peores: los de su propia memoria.La reconquista
En Zendikar conocieron a gente que no se rendía. A Jori En, una exploradora de ruinas que había estado atrapada en la Puerta del Mar caída y que Gideon ayudó a liberar. A Nissa Revane, una elfa que oía a la tierra hablar y que llevaba años luchando sola contra los eldrazi. A la tritona Kiora, que llegó del mar con sus propios planes y sus propias criaturas.
"Algunos buscadores de reliquias han dejado sus exploraciones para pelear contra los Eldrazi. Sin embargo, yo sé que nuestro trabajo es más importante que nunca. Los secretos que descubramos podrían salvar el mundo".
Jori En, buceadora de ruinasJori En, Ruin Diver
Gideon reunió a todos los que quisieron escucharle, y fueron muchos. Soldados, vampiros que habían olvidado sus rencillas, elfos, tritones, mercenarios. Con ese ejército imposible reconquistaron la Puerta del Mar. Fue la primera victoria de Zendikar en mucho tiempo, y Gideon la vivió como no había vivido ninguna desde Kolophon: a gritos, abrazado a gente que no conocía.
Jace, mientras tanto, estudiaba los monolitos. Descubrió que formaban una red, que se conectaban con unas líneas de energía bajo el suelo que Nissa podía sentir, y que alguien, hacía siglos, los había colocado así para atrapar a los titanes. Si se reordenaban bien, podían volver a hacerlo.
La trampa del demonio
Atraparon a Ulamog. Durante unos minutos maravillosos, el titán quedó inmóvil en medio de una jaula de piedras flotantes, y todos creyeron que lo habían conseguido.
Entonces apareció el segundo titán. Kozilek salió de debajo de la tierra como si la tierra fuera agua, y su sola presencia retorció la jaula hasta romperla.
Y con él llegó alguien que llevaba tiempo esperando su oportunidad: Ob Nixilis, un demonio planeswalker que odiaba a todos los demás y que quería algo de Zendikar. Atrapó a Gideon, a Jace y a Nissa en una prisión de energía y se rio de ellos mientras el mundo se venía abajo.
Un demonio que había perdido su chispa y quería recuperarla al precio que fuera.
Ob Nixilis reavivadoOb Nixilis Reignited
Fue Chandra quien los sacó. Chandra, la chica del Fuego Purificador, que había llegado a Zendikar buscando a Gideon porque, por una vez, alguien le había dicho que la necesitaban. Entró a fuego en la prisión del demonio y la hizo pedazos.
Juntos, los cuatro, derrotaron a Ob Nixilis.
El juramento
Después, en un descanso de la batalla, se quedaron un momento callados. Cuatro planeswalkers que no tenían casi nada en común: un soldado, un telépata, una elfa que hablaba con la tierra y una pirómana que hablaba demasiado.
Fue Gideon quien lo dijo primero. Que aquello no podía volver a pasar. Que en el Multiverso había amenazas que ningún mundo podía vencer solo, y que los planeswalkers, que podían ir a cualquier parte, tenían la obligación de no mirar hacia otro lado.
—Juro vigilar —dijo—. Por los que no pueden defenderse. Por la justicia y por la paz. Allí donde haga falta.
"Por la justicia y la paz, mantendré la guardia".
Juramento de GideonOath of Gideon
Jace dudó. Luego juró. Nissa juró por Zendikar y por todos los mundos que, como Zendikar, tenían voz. Chandra juró la última, con fuego en los ojos, prometiendo que nunca volvería a quedarse quieta mientras alguien quemaba a los débiles.
Así nació la Guardia.
El último fuego
Faltaba lo más difícil. Ulamog y Kozilek seguían allí, y no había jaula que los aguantara. Así que la Guardia decidió algo distinto: no atraparlos, sino acabar con ellos.
Gideon y su ejército sirvieron de cebo. Durante horas atrajeron a los titanes hacia el lugar exacto, aguantando golpe tras golpe, cayendo y levantándose. Nissa unió su mente a las líneas de energía del plano y ató a los titanes al suelo con toda la fuerza de Zendikar. Jace coordinaba a todos, mente con mente.
Y Chandra ardió.
Una fuerza tan voraz como el propio tiempo.
Ulamog, el Hambre Que No CesaUlamog, the Ceaseless Hunger
Nadie había visto nunca un fuego así. Nissa le prestó el poder de todo un mundo, y Chandra lo convirtió en una llama blanca que subió hasta el cielo. Ulamog se deshizo en ceniza. Kozilek, después.
Un vacío tan críptico como la propia realidad.
Dos titanes que llevaban milenios devorando mundos. Cayeron en una tarde.
Kozilek, la Gran DistorsiónKozilek, the Great Distortion
Cuando el humo se fue, Gideon miró a su alrededor. Supervivientes llorando. Soldados abrazándose. Y tres compañeros que, contra todo pronóstico, seguían de pie a su lado.
Esa noche, alrededor de una hoguera, Chandra se quedó dormida con la cabeza apoyada en el hombro de Nissa, Jace garabateaba en un cuaderno y Gideon vigilaba, como siempre. Pensó en Olexo. Pensó en todos los que no habían tenido a nadie que se pusiera delante.
Por primera vez desde Theros, no se sintió solo.
De dónde salieron los titanesLos Eldrazi: los titanes del vacíoUlamog y Kozilek no llegaron a Zendikar por casualidad. Alguien los encerró allí hace milenios… y alguien los dejó salir.





