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Capítulo 6 de 6 · 5 min de lectura

Lo que la piedra recuerda

Ravnica, el núcleo litoforme, Pirexia y un último juramento sobre las ruinas de Zendikar.

La venganza no la curó. Nahiri lo descubrió poco a poco, como se descubre una grieta en una pared: primero no se ve, luego sí, y después ya no se puede dejar de ver. Sorin seguía encerrado en la piedra, Innistrad se recuperaba como podía y ella seguía sintiendo el mismo vacío frío en el pecho. Quizá peor.

Y el Multiverso, que nunca la había esperado, tampoco iba a darle tiempo para pensarlo.

Un duelo en mitad de la guerra

Un día sintió una llamada. Un faro, encendido en algún lugar lejano, tiraba de su chispa como de una cuerda. Acudió, igual que tantos otros planeswalkers, y apareció en Ravnica, la ciudad infinita, justo a tiempo de descubrir que no podía irse. Nicol Bolas lo había preparado todo para atraparlos allí y robarles la chispa.

Y entre los atrapados estaba Sorin Markov. Libre de la piedra, de algún modo. Y buscándola.

Nahiri, Tormenta de Rocas

Una ciudad en guerra, un ejército de muertos… y ella solo veía a un vampiro.

Nahiri, Tormenta de RocasNahiri, Storm of Stone

Pelearon. En mitad de una invasión, con los Eternos de Bolas arrasando las calles, los dos se enzarzaron en un duelo propio, como si el resto del mundo no existiera. Piedra contra sangre, rabia contra orgullo. Ninguno se rindió.

Al final, fue la guerra la que los separó. Ante un ejército que amenazaba con acabar con todos, Nahiri y Sorin hicieron algo que ninguno de los dos habría creído posible: una tregua. No se perdonaron. Solo decidieron que había algo peor que el otro. Cuando una piromante llamada Chandra Nalaar apagó el artefacto que los tenía atrapados, Nahiri pudo marcharse. No lo hizo. Se quedó y luchó contra el dragón hasta el final.

Sorin, señor sangriento vengativo

El enemigo de siempre, convertido durante unos días en algo parecido a un aliado.

Sorin, señor sangriento vengativoSorin, Vengeful Bloodlord

El núcleo

Cuando volvió a Zendikar, descubrió que el plano seguía sufriendo. Los eldrazi ya no estaban, pero la tierra estaba más inestable que nunca: los terremotos, las avalanchas, las rocas que se levantaban de golpe. Nahiri sabía, aunque le costara reconocerlo, que parte de aquello era culpa suya. Sus hedrones y la propia prisión habían alterado la tierra durante milenios.

Quería arreglarlo. A su manera.

Financió una casa de expediciones en la gran ciudad faro de la costa y empezó a buscar reliquias antiguas en las ruinas flotantes del plano. Sobre todo buscaba una: el núcleo litoforme, un artefacto capaz de dar forma a la tierra misma. Con él, creía, podría domar Zendikar para siempre.

Reunió a un grupo de aventureros, entre ellos una escaladora kor llamada Akiri y un ladrón encantador llamado Zareth San, y los llevó hasta las ruinas donde descansaba el núcleo. Lo consiguieron. Pero en el camino Nahiri hizo cosas que no tenían vuelta atrás. Cuando las criaturas de las ruinas les atacaron, usó el núcleo y Zareth San murió. Cuando Akiri amenazó con dejarlo caer al vacío para que nadie lo usara, Nahiri la inmovilizó con un hedrón, le quitó el artefacto y la empujó por el borde.

Fue Nissa Revane, la elfa que hablaba con el alma de Zendikar, quien salvó a Akiri.

Akiri, viajera valerosa

"Ningún ángel nos bloquea la subida. ¡Emeria nos espera allí arriba!".

Una kor que se fio de otra kor. Casi le cuesta la vida.

Akiri, viajera valerosaAkiri, Fearless VoyagerDesde 2,76 €

Nissa no estaba dispuesta a que nadie domara su mundo. Jace Beleren siguió a Nahiri hasta una ciudad antigua y, en el último enfrentamiento, se metió en su mente y le arrancó el núcleo de las manos. El artefacto acabó en poder de Nissa, que lo usó para todo lo contrario de lo que Nahiri quería: para devolverle a Zendikar su naturaleza salvaje. El núcleo quedó apagado para siempre. Nahiri se marchó del plano jurando que Jace lo pagaría.

Metal y fuego

Fue el propio Jace, sin embargo, quien la buscó tiempo después. Había un enemigo que no distinguía entre amigos y rivales: Pirexia, el mundo de las máquinas, preparaba una invasión de todo el Multiverso. Nahiri aceptó unirse a los planeswalkers que iban a atacarla en su propio plano.

Allí luchó con valor. Protegió a sus compañeros, ganó combates terribles y acabó contagiada por la corrupción pirexiana. Pudo haberse curado, pero no había tiempo. Así que, ya infectada, hizo lo que consideró necesario: arrancó con su magia un enorme pedazo del mundo de metal, con los compañeros que aún quedaban en pie encima, y lo dejó caer lejos del corazón del enemigo para que pudieran escapar. Ella no fue con ellos.

La líder de Pirexia, Elesh Norn, la recogió de los escombros. Y la completó: la convirtió en una de los suyos, con brazos de cuchillas y grietas incandescentes en la piel.

Nahiri, forjada en la furia

La constructora de la gran prisión, convertida en arma del enemigo.

Nahiri, forjada en la furiaNahiri, Forged in Fury

Durante la invasión, Elesh Norn la envió de vuelta a Zendikar. Nahiri reactivó unas ruinas antiguas en el cielo, realineó los hedrones de todo el plano y se fundió con la piedra como pieza central del mecanismo, usando su propia chispa como combustible, para atraer hacia Zendikar el árbol con el que Pirexia invadía los mundos.

La detuvieron sus propios vecinos: zendikaris, kor, ángeles. Una luz que bajó sobre los ángeles de todos los planos les dio fuerza para arrancarla de la piedra, y las ruinas se desplomaron con ella dentro.

Invasión de Zendikar

El mundo que juró proteger, atacado por sus propias manos.

Invasión de ZendikarInvasion of ZendikarDesde 0,33 €

La que no olvida

Cuando todo terminó, Nahiri despertó en la oscuridad, entre metal y roca. La corrupción había desaparecido. Le quedaban cicatrices, y mucho menos poder del que recordaba. Pasó semanas abriéndose paso a ciegas entre los restos, a solas, como tantas veces antes.

Y en algún momento de aquella oscuridad llegó a una conclusión que llevaba milenios gestándose. Los eldrazi habían llegado a Zendikar porque tres planeswalkers los trajeron. La prisión había fallado porque otros la descuidaron. La tierra sufría por lo que ella misma había hecho. Pirexia había llegado buscando planeswalkers. Siempre ellos. Siempre los que venían de fuera, decidían por Zendikar y se marchaban.

Juró, como había jurado otras veces, que ningún planeswalker volvería a poner un pie en su mundo.

Litoformación de Nahiri

"Zendikar ya ha sufrido bastante. Ha llegado el momento de que la paz llegue por fin a mi hogar".

La piedra recuerda todo lo que se le hace. Nahiri, también.

Litoformación de NahiriNahiri's Lithoforming

Es difícil saber qué hará después. Nahiri tiene miles de años, una memoria de piedra y la costumbre de cumplir lo que jura. Lo único seguro es que, en algún lugar de Zendikar, entre hedrones rotos y ruinas que flotan, sigue vigilando. Sola, como siempre.

La guerra contra PirexiaLa invasión pirexiana: de Urza a Elesh NornDe dónde salió la amenaza que completó a Nahiri y cómo estuvo a punto de devorar el Multiverso entero. La que apagó el Sol InmortalChandra Nalaar: la llama de KaladeshLa piromante que liberó a los atrapados en Ravnica tenía su propia historia de pérdidas, fuego y una madre que creía muerta.

Fin de «Nahiri: la piedra que no olvida»

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