Para entender los planes de Yawgmoth sobre Dominaria hay que pensar en una partida de ajedrez que dura cuatro mil años. Dos jugadores que nunca se sientan a la misma mesa, que mueven piezas a escondidas y que saben perfectamente que el otro está ahí.
En un lado, un dios de las máquinas encerrado en su mundo de metal. En el otro, un planeswalker que no envejece, que no descansa y que no confía en nadie.
Lo que preparaba Pirexia
Yawgmoth sabía que no podía invadir Dominaria de golpe. El sello de Koilos estaba roto pero no del todo, y abrir una puerta lo bastante grande para sus ejércitos requeriría tiempo y paciencia. Así que empezó por lo pequeño.
Envió agentes. Espías pirexianos con cuerpos de apariencia humana, enterrados durante siglos entre la gente corriente, esperando la señal. Sembró ideas en reyes y hechiceros. Buscó aliados en los rincones más oscuros de Dominaria, especialmente en la isla pantanosa de Urborg, donde la muerte siempre había tenido buenos amigos.
Y construyó algo más ambicioso todavía: un plano artificial nuevo, pegado a Dominaria como una sombra. Se llamaba Rath. Era un mundo hecho para una sola cosa: superponerse un día a Dominaria y traer de golpe, a través de él, todo el poder de Pirexia.
The seed of a world's evil.
En Rath todo estaba pensado para un único día: el de la invasión.
Fortaleza de VolrathVolrath's Stronghold
Para gobernar Rath, Yawgmoth necesitaba un capitán. Lo encontró en un joven dominario resentido y brillante llamado Vuel, que sería transformado y rebautizado como Volrath. Y a Volrath, como a todos sus siervos, le dio una obsesión cuidadosamente elegida: un hermano adoptivo al que odiaba con toda su alma.
Lo que preparaba Urza
Urza, mientras tanto, tampoco perdía el tiempo.
Sabía que no podría ganar la guerra solo. Necesitaba armas, pero sobre todo necesitaba un héroe. Alguien capaz de usar todo lo que él construyera en el momento justo. Y como Urza era Urza, no se fió de la suerte para encontrarlo: decidió fabricarlo.
Durante generaciones dirigió a escondidas un proyecto de linajes. Cruzó familias, eligió descendencias, buscó durante siglos la combinación perfecta de sangre y carácter. El resultado de todo aquello fue un niño nacido en la familia Capashen. Se llamaba Gerrard.
El acto final de Gerrard aseguró la pervivencia eterna de su legado.
Lo diseñaron para salvar el mundo. Él solo quería que lo dejaran en paz.
Gerrard, héroe del VientoligeroGerrard, Weatherlight Hero
Gerrard se crio lejos de su familia, en Jamuraa, junto a un hermano adoptivo llamado Vuel. Sí: el mismo Vuel que luego se convertiría en Volrath. Los dos jugadores habían colocado sus piezas una frente a la otra, como hermanos, igual que miles de años antes lo habían estado Urza y Mishra. La historia de Dominaria tiene esa costumbre cruel de repetirse.
El Legado
A Gerrard le esperaba una herencia. Urza la había ido reuniendo durante siglos: una colección de artefactos repartidos por toda Dominaria, cada uno con una función oculta, que juntos formaban un arma capaz de enfrentarse a Pirexia. La llamaban el Legado.
La pieza más valiosa era un barco volador, el Vientoligero, una nave que podía navegar por los cielos e incluso viajar entre planos. La había construido Urza con ayuda de muchos, y tenía algo especial: crecía. Cada pieza del Legado que encontraba la hacía más fuerte.
Un barco que aprendía de cada viaje y que guardaba más secretos que su propia tripulación.
VientoligeroWeatherlightDesde 1,82 €
Otra pieza era un gólem de plata, enorme, pacífico, capaz de viajar en el tiempo y de una inteligencia sorprendente. Se llamaba Karn. Urza lo había construido como protector de Gerrard, aunque Karn odiaba la violencia y prefería mil veces hablar a pelear. Ni él mismo sabía todavía que también era parte del Legado, ni el papel que tendría al final.

Karn, gólem de plataKarn, Silver Golem
La saga del Vientoligero
Ninguno de los dos jugadores era inocente. Yawgmoth sembraba monstruos; Urza sembraba destinos. Los dos usaban a la gente como fichas y los dos estaban convencidos de que el fin justificaba cualquier cosa. La diferencia, si la había, era que Urza pretendía salvar Dominaria. Aunque por el camino se olvidara a menudo de preguntar a los dominarios qué opinaban.
Gerrard no quería ser un héroe. Durante años huyó de la responsabilidad, abandonó a su tripulación y se dedicó a vivir a su aire. Solo volvió cuando Volrath secuestró a la capitana del barco, Sisay, y se la llevó a Rath. Gerrard no lo sabía, pero aquello era una trampa: Volrath quería atraerlo a su terreno.
Lo que siguió fue una de las grandes aventuras de Dominaria. La tripulación del Vientoligero cruzó a Rath, se enfrentó a Volrath en su fortaleza, rescató a Sisay y descubrió la verdad: Rath no era un simple mundo. Era el arma que Pirexia iba a usar para invadir Dominaria.
La capitana del Vientoligero fue el cebo; Gerrard, el pez.
Sisay, capitana del VientoligeroSisay, Weatherlight Captain
Hubo un momento, en lo más alto de la fortaleza, en que los dos hermanos adoptivos quedaron frente a frente. Gerrard buscó en aquella cara deformada algo del chico con el que había jugado de niño. Volrath, en cambio, solo buscaba una cosa: verlo sufrir. Ninguno de los dos sabía que, muy por debajo de ellos, alguien observaba la escena con la satisfacción de quien ve funcionar un mecanismo que ha tardado siglos en montar.
Volrath cayó, pero no del todo. Y en Rath, otro miembro de la tripulación, un joven noble llamado Crovax, empezó a escuchar unas voces que le prometían todo lo que había perdido. Con el tiempo, ocuparía el lugar de Volrath como señor de aquel plano.
La hora se acerca
En el corazón de Pirexia, Yawgmoth contemplaba cómo todas las piezas se colocaban en su sitio. Rath estaba listo. Sus agentes estaban despiertos. Sus ejércitos, miles de millones de criaturas forjadas durante milenios, esperaban en las esferas.
—Que vengan con su barco y sus juguetes —murmuró—. Que vengan todos.
En Dominaria, Urza también miraba al cielo. Sabía que su enemigo estaba a punto de mover. Llevaba cuatro mil años esperando ese momento, y por primera vez en mucho tiempo sintió algo parecido al miedo.
Era el año 4205 según el calendario de Argive. Y el cielo de Dominaria estaba a punto de abrirse.



