Innistrad había cambiado mucho desde la primera vez que Nahiri lo pisó. Las aldeas tenían ahora murallas más altas, las iglesias lucían un símbolo nuevo en sus puertas y, por las noches, algo blanco cruzaba el cielo a toda velocidad entre las nubes. Los humanos ya no rezaban solo para que el amanecer llegara. Rezaban a alguien.
Nahiri tardó poco en descubrir a quién.
Un ángel nuevo
Se llamaba Avacyn. Era un arcángel de alas enormes y armadura de plata, con una lanza de dos puntas, y los humanos de Innistrad la adoraban como a una diosa. Protegía las aldeas, cazaba a los monstruos, se aparecía en las batallas cuando todo parecía perdido. Gracias a ella, por primera vez en siglos, los humanos de aquel plano dormían con algo parecido a la tranquilidad.
Una hélice dorada se proyectó hacia el cielo desde Helvault. Una explosión atronadora resquebrajó el monolito plateado y Avacyn surgió, libre al fin de su prisión.
El nuevo orgullo de Sorin. Nahiri no tardó en adivinar quién la había hecho.
Avacyn, ángel de la esperanzaAvacyn, Angel of Hope
Nahiri no necesitó preguntar quién la había creado. Reconocía el estilo. Aquella forma de resolver un problema enorme con una solución todavía más enorme era muy de Sorin. Mientras ella pasaba siglos cuidando una prisión en Zendikar, su maestro había estado aquí, ocupado en sus propios asuntos, dando forma a un ángel.
Lo encontró en lo alto de una colina, junto a una construcción que la dejó helada. Era un monolito colosal, de plata pura, tallado con una precisión que a Nahiri le resultó dolorosamente familiar. Sorin había aprendido de ella a dar forma a la piedra. Y había usado lo aprendido para tallar aquello en un fragmento de la luna de Innistrad.
La pregunta
—Te llamé —le dijo, sin saludar.
Sorin se volvió despacio. No pareció sorprendido de verla. Tampoco pareció contento.
—La prisión estuvo a punto de romperse. Hice lo acordado. Encendí la señal. Os esperé a los dos. —La voz le temblaba, y odiaba que le temblara—. No vino nadie.
Sorin miró el monolito de plata, luego a ella. Le explicó, con un tono casi distraído, que aquello era la Bóveda: una prisión para los demonios que Avacyn no podía destruir. Que probablemente la señal de Nahiri se había perdido dentro de ella, absorbida por la plata, como tantas otras cosas. Que él tenía sus propios problemas. Que Innistrad era su responsabilidad.
—Si necesitabas ayuda, haber ido a buscar a Ugin.
Lo dijo así. Como quien comenta el tiempo.
Señor de su plano, creador de su ángel. Y, de pronto, un extraño para su alumna.
Sorin, Señor de InnistradSorin, Lord of Innistrad
Nahiri sintió que algo se partía dentro de ella. Le gritó. Le recordó cada siglo que había pasado sola, cada cría eldrazi que había destruido con sus manos, cada hedrón que había vuelto a colocar. Sorin le contestó recordándole quién la había recogido cuando era una niña perdida en su plano, quién le había enseñado todo lo que sabía. Como si eso lo resolviera. Como si eso le diera derecho.
Entonces Nahiri hizo lo que no debía. Levantó la piedra del suelo y se lanzó contra él.
Plata
No llegó a tocarlo. Algo blanco cayó del cielo entre los dos, con las alas abiertas y la lanza por delante. Avacyn había visto a alguien atacar a su creador, y Avacyn no hacía preguntas. Nahiri se encontró de pronto peleando contra un arcángel en lo alto de una colina de Innistrad, con Sorin mirando a un lado sin intervenir.
Y entonces Sorin intervino.
No para separarlas. No para calmar las cosas. Lo hizo como hacía todo lo que no sabía resolver de otro modo: de forma definitiva. Abrió la Bóveda y metió a Nahiri dentro.
Cuando salió de la plata, ya no era la alumna de nadie.
Nahiri, la AdalidNahiri, the Harbinger
La plata se cerró sobre ella con un sonido que no se parecía a nada.
Dentro
Dentro de la Bóveda no había día ni noche. No había paredes, ni suelo, ni tiempo que se pudiera contar. Había oscuridad, y voces en la oscuridad. Demonios. Decenas de ellos, encerrados igual que ella, susurrando, riendo, prometiendo cosas.
Nahiri se negó a escucharlos. Se encogió sobre sí misma y se agarró a lo único que le quedaba: la rabia. La dejó crecer despacio, como crecen las vetas de mineral en la roca, capa sobre capa, sin prisa. Cada vez que el miedo intentaba asomar, ella pensaba en la cara de Sorin diciéndole que buscara a Ugin. Y el miedo se convertía en otra capa de piedra.
Pasó así siglos. Muchos.
"Avacyn emergió de los pedazos de Helvault, pero su libertad tuvo un precio: él."
— Thalia, Caballero Cátaro
Uno de los últimos en llegar a la Bóveda. Y no llegó solo.
Un día, la oscuridad se agitó. Algo enorme entró en la Bóveda arrastrando consigo un resplandor blanco: el gran demonio Griselbrand, empujado allí dentro en mitad de una batalla. Y con él, atrapada por su propio hechizo, venía Avacyn. El ángel que la había encerrado era ahora tan prisionero como ella.
Nahiri la miró en la oscuridad. No sintió lástima. Sintió algo parecido a la justicia.
La grieta
El final llegó sin avisar. Una noche, en el mundo de fuera, una nigromante que buscaba a Griselbrand obligó a la custodia de la Bóveda a romper la prisión. Una grieta recorrió la plata de arriba abajo. Luego otra. La luz entró a chorros.
Todo lo que había dentro salió en estampida. Los demonios se dispersaron por los cielos de Innistrad, Avacyn alzó el vuelo hacia sus fieles, y en medio de aquel caos, casi sin que nadie se fijara, una mujer kor de pelo blanco salió caminando de entre los fragmentos.
Nahiri respiró aire de verdad por primera vez en siglos. Miró a su alrededor, buscó en el cielo la silueta de Sorin, y no la encontró. No le hizo falta. Sabía perfectamente dónde estaba Zendikar, y quería ver con sus propios ojos qué había sido de su obra mientras ella se pudría en una caja de plata.
Lo que vio al llegar le arrancó lo último que le quedaba de la niña que había sido.
La prisión de plataLa Bóveda InfernalCómo se forjó la Bóveda, quiénes la llenaron y qué pasó la noche en que se partió. La que abrió la BóvedaLiliana Vess: el precio de la eternidadLa nigromante que rompió la prisión no buscaba a Nahiri. Buscaba a un demonio con el que tenía un contrato.



