Con el paso de los milenios, Edgar se retiró. En lo más hondo de la mansión Markov, en un mausoleo bajo las bóvedas, descansa en su ataúd. Duerme durante siglos y solo despierta de vez en cuando.
Sorin le deja libros sobre lo que pasa en Innistrad, para que el anciano esté al día cuando abra los ojos. Y a veces, cuando el plano está en peligro y no sabe qué hacer, baja a la cripta y lo despierta para pedirle consejo.
Sorin odia esas visitas. Delante de su abuelo vuelve a sentirse un niño. Pero tiene que reconocer algo que le molesta todavía más: los consejos de Edgar siempre son buenos.
La fiesta se termina cuando se corta el flujo de ingenuos.
Salón sangriento de Stensia Stensia Bloodhall
Mientras Edgar dormía, Innistrad cambió muchas veces. Avacyn fue encerrada y liberada. La locura llegó con Emrakul. Y una vampira llamada Olivia Voldaren empezó a pensar que el mundo sería mucho mejor si la noche no terminara nunca.
Para eso necesitaba algo. O, mejor dicho, a alguien.
