Sorin Markov no eligió ser vampiro. Lo eligió por él su abuelo, Edgar Markov, el primero de todos. Y el dolor de aquella traición encendió su chispa de planeswalker.
Durante siglos, Sorin recorrió el Multiverso. Vio cosas que pocos han visto. Y aprendió algo que su abuelo nunca entendió: si los vampiros acaban con los humanos, acaban con todo.
