Hace miles de años, antes de que en Innistrad hubiera vampiros, había un anciano alquimista llamado Edgar Markov.
Edgar era rico, culto y respetado. Pero tenía un problema que ni todo su dinero ni todos sus libros podían resolver: se estaba haciendo viejo. Cada invierno le costaba más subir las escaleras de su mansión. Cada mañana el espejo le devolvía a alguien un poco más cerca del final.
No temía solo por él. Tenía un nieto, Sorin, al que quería por encima de todo, y no soportaba la idea de que también él se apagara algún día.
Así que Edgar hizo lo que hacen los alquimistas: buscó una fórmula.
Los vampiros de la línea de sangre Markov se enorgullecen de su exquisito gusto en moda, arte y "vino de las venas".
Aristócrata Markov Markov Patrician
Entonces llegó el hambre. Una hambruna terrible se extendió por la región, las cosechas murieron y la gente empezó a desesperarse. Y en los tiempos desesperados, alguien siempre se ofrece a ayudar.
