Avacyn podía matar a casi cualquier monstruo. Pero no a todos. Hay demonios que no mueren de verdad, y alguien tenía que guardarlos.
Sorin Markov tomó un fragmento de la luna de plata de Innistrad y, con lo que había aprendido de su amiga Nahiri, lo talló hasta darle la forma de un enorme monolito. Era la otra mitad de Avacyn: ella protegía; la Bóveda encerraba.
El lema de los ángeles lo decía todo: lo que no puede destruirse, debe ser encadenado.
Una hélice dorada se proyectó hacia el cielo desde Helvault. Una explosión atronadora resquebrajó el monolito plateado y Avacyn surgió, libre al fin de su prisión.
Avacyn, ángel de la esperanza Avacyn, Angel of Hope
