Durante siglos, Nahiri cuidó la prisión. Enseñó a otros a mantener los hedrones y los kor llegaron a venerarla como a una profeta.
Un día, unos vampiros de Zendikar construyeron un santuario justo encima de uno de los puntos clave de la red, y la prisión empezó a fallar. Nahiri hizo lo acordado: llamó a Sorin y a Ugin.
Ninguno de los dos vino.
Reparó la prisión ella sola. Y después viajó a Innistrad a pedirle explicaciones a Sorin.
Nahiri, la litomante Nahiri, the Lithomancer
