Todo estaba preparado. Bolas atrajo a decenas de planeswalkers hasta Ravnica, los atrapó en el plano y empezó a arrancarles la chispa, una a una, para volver a ser un dios.
Casi lo consigue.
Nicol Bolas, Dios Dragón Nicol Bolas, Dragon-God
Pero sus aliados empezaron a fallarle. Liliana Vess se volvió contra él. Los planeswalkers de Ravnica resistieron. Y el dragón Niv-Mizzet, guardián de la ciudad, lo atravesó con la lanza de un dios. Bolas cayó, y las chispas robadas volvieron a quedar libres.
Ugin estaba allí. No lo mató. Encerró a su hermano, ya sin chispa, en un lugar fuera del Multiverso, y le arrebató hasta sus nombres.
Ugin, el Inefable Ugin, the Ineffable
Se dice que aquella prisión acabó derrumbándose, y que en algún lugar del Multiverso vaga un dragón que solo recuerda una palabra de sí mismo: Bolas.

